El rescate de la ballena Timmy que se escapa sola para volver a encallar a los pocos metros

El rescate de la ballena Timmy que se escapa sola para volver a encallar a los pocos metros
El épico rescate de la ballena Timmy en el Mar Báltico alemán ha dado un giro surrealista. Tras semanas encallada y a punto de ser salvada gracias al fundador de MediaMarkt, el cetáceo logró liberarse solo para volver a atascarse en otro banco de arena casi al instante.
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La naturaleza a veces parece reírse en nuestra cara, y el caso de la ballena jorobada Timmy es el ejemplo perfecto de una terquedad monumental. Tras llevar semanas atrapada en la costa alemana del Mar Báltico, este majestuoso cetáceo de 13,5 metros se ha ganado el corazón de todo el país, pero también ha puesto a prueba la infinita paciencia de los equipos de emergencia.

Equipos de rescate y maquinaria pesada intentando liberar a la ballena Timmy en el Mar Báltico

Un rescate de película financiado por MediaMarkt

La situación de Timmy parecía tan dramática frente a la isla de Poel (cerca de Wismar) que, el pasado 1 de abril, las autoridades regionales estaban totalmente convencidas de que el animal, angustiado y malherido, iba a morir sin remedio. Sin embargo, en un giro digno de un guion excéntrico, las autoridades aprobaron la semana pasada un último y desesperado intento de salvamento propuesto y financiado por dos acaudalados empresarios. ¿El dato más random de toda la operación? Uno de ellos es ni más ni menos que el fundador de la gigantesca cadena de tiendas de electrónica MediaMarkt.

El plan no era moco de pavo: los equipos de rescate habían despejado toda la arena alrededor del animal y enviado un potente remolcador a la zona. La idea maestra consistía en levantar a la pesada ballena del lecho marino utilizando inmensos cojines inflables y transportarla cómodamente en pontones de vuelta al Mar del Norte o, si las condiciones lo permitían, hasta el mismísimo Océano Atlántico.

La gran fuga de Timmy… a medias

Aquí es donde la historia se vuelve maravillosamente absurda. Con todo el equipo listo para la gran maniobra y el dinero de los empresarios sobre la mesa, Timmy decidió el lunes que ya había tenido suficiente atención mediática. De forma totalmente inesperada, la ballena nadó y se liberó por sus propios medios de la trampa de arena. ¡El milagro había ocurrido!

Pero la alegría duró muy poco. A los pocos metros de iniciar su triunfal regreso a la libertad en mar abierto, el inmenso cetáceo decidió detenerse y encallar exactamente en otro banco de arena cercano. Ante la perplejidad general, Till Backhaus, Ministro de Medio Ambiente del estado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, se desplazó al lugar y quiso restar dramatismo al asunto con unas declaraciones para el recuerdo.

«Esta vez el animal no se ha quedado completamente encallado, simplemente está descansando

Cronología de un cetáceo indeciso

El comportamiento de este animal está volviendo locos a los biólogos marinos y a los equipos de rescate alemanes. Esta es la rocambolesca hoja de ruta de la indecisión de Timmy:

  • 23 de marzo: Es avistada por primera vez atrapada en un banco de arena cerca de la ciudad de Lübeck. Logra liberarse sola, pero vuelve a atascarse casi al instante.
  • Finales de marzo: Repite la dinámica de soltarse y volver a encallar varias veces a lo largo de los días.
  • 1 de abril: Las autoridades pierden la esperanza y declaran que no se le puede salvar.
  • Mediados de abril: Intervienen los empresarios y se monta una gigantesca infraestructura con maquinaria pesada flotante.
  • Lunes de fuga: Se escapa por sorpresa de sus rescatadores solo para volver a atascarse (o «descansar», según el ministro) unos metros más allá.

A pesar del cómplice hartazgo que debe sentir el operativo, el diario alemán Bild informa que los expertos ven este último y fallido intento de fuga como una excelente noticia. El simple hecho de que Timmy haya tenido la fuerza y el ímpetu para nadar por su cuenta es una clara señal de que el animal todavía está relativamente sano. Ahora, los equipos volverán a la carga, cruzando los dedos para que, esta vez sí, la ballena deje de trollear a sus salvadores y decida volver a casa de una vez por todas.