
La vida moderna está llena de pequeños peligros. Uno de los más resbaladizos es, sin duda, un charco de leche. Y si no, que se lo digan a Paul Meara, un tipo de Runcorn, Cheshire, que vio en un desafortunado resbalón la oportunidad de hacerse con un buen pellizco. Meara se deslizó en una de esas odiosas fugas lácteas que a veces inundan los pasillos de los supermercados Tesco y, ni corto ni perezoso, decidió que la factura de ese pequeño patinazo debía ascender a la friolera de 500.000 libras esterlinas (algo más de 590.000 euros).
Según su versión de los hechos, el incidente le había provocado unas lesiones de espalda tan graves que le incapacitaban totalmente para trabajar, forzándole a llevar una vida de sufrimiento y dependencia. Una historia dramática, sin duda, que prometía un juicio de alto voltaje contra la cadena de supermercados.
Sin embargo, la realidad, esa señora tan tozuda, decidió interponerse. El caso llegó a la Alta Corte de Londres, donde el juez Mr. Justice Griffiths examinó las pruebas presentadas. Y aquí es donde la trama se vuelve digna de una comedia de enredo británica.
Resulta que la defensa de Tesco aportó pruebas de vídeo que mostraban qué hacía Meara inmediatamente después de su ‘grave’ lesión. ¿Terapia? ¿Descanso en cama? ¡Qué va! Los vídeos mostraban al demandante realizando actividades que harían sudar hasta al operario de almacén más fuerte. Fue grabado doblando el cuerpo, manipulando herramientas, levantando y cargando él solito una voluminosa puerta de jardín. Por si fuera poco, también se le veía manejando unas cuantas losas de hormigón con una soltura que desmentía por completo cualquier dolencia lumbar incapacitante.
El juez Griffiths no dudó en dar el portazo a la demanda, calificando la evidencia de Meara de “completamente socavada” por sus propias hazañas de levantamiento de peso. Es decir, que sus acciones después del resbalón eran incompatibles con el relato de agonía y parálisis que había presentado en el juzgado. Al final, la codiciada indemnización de medio millón de libras se fue al garete, dejando a Meara sin el dinero y con el orgullo bastante magullado. Ya lo dicen, la cámara de seguridad es el peor enemigo del fraude.
