
Ser repartidor hoy en día se ha convertido en un auténtico deporte de riesgo. Entre encontrar la dirección correcta, lidiar con el tráfico y sobrevivir a los obstáculos cotidianos, a veces se producen situaciones dignas de una comedia de enredos. Esto es exactamente lo que le pasó a un trabajador en las afueras de Múnich, quien protagonizó una escena de acción que terminó con un Porsche Cayenne abollado y un juicio de lo más peculiar.
El ataque de los dálmatas y el instinto de supervivencia
Los hechos ocurrieron en septiembre de 2024 en Freising, una tranquila localidad al norte de Múnich. Nuestro protagonista, un repartidor cuyo nombre no ha trascendido, se disponía a realizar una entrega rutinaria. Sin embargo, al abrirse la puerta principal de la vivienda, no fue recibido con los brazos abiertos, sino por tres perros: dos dálmatas y un perro mestizo que salieron en tropel hacia él.
Ante la estampa de tres caninos ladrando y corriendo en su dirección, el trabajador hizo lo que cualquier ser humano asustado haría: buscar refugio en las alturas. ¿El problema? El único lugar seguro a su alcance era el reluciente capó de un Porsche Cayenne aparcado justo delante de la casa. Llevado por el pánico, el repartidor dio un salto y aterrizó sobre el vehículo de lujo.
Una factura de reparación nada barata
Como era de esperar, usar un coche de alta gama como salvavidas improvisado tiene sus consecuencias. El salto dejó el capó lleno de arañazos y abolladuras, unos daños que el dueño del vehículo tasó en la nada despreciable cifra de 2.700 euros. Enfurecido, el propietario exigió al repartidor y a su empresa que asumieran los costes, a lo que ambos se negaron rotundamente, lo que hizo que el caso llegara a los tribunales.
La justicia alemana dicta sentencia
El caso aterrizó en el Tribunal de Distrito de Múnich y la resolución ha sido tan sorprendente como lógica. El juez ha fallado a favor del trabajador, eximiéndole de pagar la abultada factura. El tribunal basó su decisión en varios puntos clave:
- El reflejo de huida: El magistrado determinó que el simple hecho de que los perros corrieran hacia el hombre y le ladraran era motivo suficiente para desencadenar un reflejo de huida justificado.
- Responsabilidad del dueño: Se concluyó que el propietario de la vivienda sabía perfectamente que estaba esperando un paquete. Por tanto, era su deber absoluto controlar a sus mascotas antes de abrir la puerta.
- Pruebas dudosas: Para rematar, el tribunal señaló que no estaba claro si todos los daños fueron causados por el salto del trabajador, ya que las fotos de los desperfectos presentadas por el demandante fueron tomadas varios meses después del incidente.
«Que los perros no fueran agresivos y estuvieran a tres o cuatro metros de distancia no excusa al dueño de su deber de controlar a sus mascotas», sentenció el tribunal ante los intentos del propietario de minimizar la situación.

Así que ya lo sabes, la próxima vez que esperes un paquete en casa, asegúrate de atar a tus perros. De lo contrario, podrías acabar con el coche abollado, pagando la reparación de tu propio bolsillo y llevándote una reprimenda judicial. ¡Un final de justicia poética para el asustado repartidor!
