El ‘quiet quitting’ o cómo currar lo mínimo y vivir sin estrés

El 'quiet quitting' o cómo currar lo mínimo y vivir sin estrés
El "quiet quitting" o abandono silencioso es la última tendencia laboral donde los empleados hacen solo lo estrictamente necesario. Es una respuesta al agotamiento, los sueldos estancados y la cultura de "siempre más", buscando proteger su salud mental y sus límites. Una señal de que el amor por el trabajo, tal como lo conocemos, se está enfriando.
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¡Atención, currelas del mundo! ¿Cansado de la cultura del «echarle horas extra porque sí» y de que tu jefe te mire con cara de póker cuando pides un aumento? Pues prepárate, porque ha llegado una nueva moda laboral que te va a encantar: el ‘quiet quitting’, o como lo llamaríamos en España, ‘currar lo mínimo sin que te despidan’.

Imagínate la escena: tu ordenador portátil te mira con ojos acusadores, la bandeja de entrada revienta y hay una tarea «urgente» que no te corresponde. Antes, la culpa te carcomería y te lanzarías a por ella. Ahora, con el «quiet quitting», simplemente le dices a tu conciencia: «tranquila, compi, eso no está en mi descripción de puesto». No es que vayas a dimitir a la francesa o a montar un pollo en la oficina; no, qué va. Es más bien una revuelta silenciosa, una declaración de intenciones: «haré lo que se espera de mí, ni un milímetro más, ni un segundo extra».

Detrás de esta aparente vagancia divina se esconde un hartazgo generalizado. La gente está hasta el gorro de la cultura del ‘hustle’ o ‘machaque’ que nos vende la moto de que hay que vivir para trabajar, de que el éxito es directamente proporcional al número de noches sin dormir y de que tu empresa es tu segunda familia (pero solo cuando hay que apretar, claro). Los salarios, mientras tanto, se mantienen en un letargo que ni los osos polares en invierno, y el coste de la vida sube como la espuma. Así, ¿quién no se replantea dónde poner su energía?

La pandemia, esa cosa que nos cambió la vida a todos, también ha puesto su granito de arena. De repente, millones de personas se dieron cuenta de que la vida es corta, que la salud mental es importante y que pasarse ocho horas al día con el ceño fruncido no es la panacea. Generaciones enteras, especialmente los millennials y la Gen Z, han visto cómo sus padres y abuelos se deslomaban por empresas que luego no dudaban en darles la patada. Y han dicho: «Pues mira, no, gracias. Yo no juego a ese juego».

Este fenómeno no es exclusivo de Occidente, ojo. En China ya tenían su versión, el ‘tang ping’ o «tumbarse plano», que es básicamente lo mismo: una renuncia silenciosa a la carrera de ratas y a las expectativas sociales de un esfuerzo sobrehumano.

Así que, el «quiet quitting» no es un signo de vagancia, sino más bien un síntoma. Es el grito silencioso de una plantilla que está perdiendo la fe en la promesa de que el esfuerzo extra se recompensa. Es un «te doy lo justo porque tú me das lo justo». Un claro mensaje para las empresas: si quieres que tus empleados se pongan la camiseta, quizás sea hora de que les des una camiseta que valga la pena llevar, y no solo para dormir la siesta. Ojo, que el amor al trabajo se está enfriando… y no precisamente por el aire acondicionado.