El Presidente que Quería Convertir los Excrementos en Oro

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¡Agárrense, que vienen curvas! En el mundo de la política, uno lo ha visto casi todo: promesas vacías, discursos eternos, y alguna que otra excentricidad. Pero lo que el expresidente de Gambia, Yahya Jammeh, llegó a proponer, eso ya juega en otra liga. Prepárense para la historia del líder que quería resolver los problemas económicos de su nación… ¡transformando caca en oro! Sí, han leído bien.

Allá por 2010, en un momento cumbre de su, digamos, «originalidad», Jammeh apareció en la televisión estatal gambiana para anunciar al mundo su última genialidad. Con el ceño fruncido y la solemnidad de quien revela un secreto milenario, el entonces presidente comunicó que poseía «poderes sobrenaturales» que le permitían hacer un milagro digno de alquimistas: convertir los excrementos humanos en oro puro. Y no hablamos de un poco de oro, no. El objetivo era que Gambia se convirtiera, atención, «en la nación más rica de la tierra». ¿El plan? Sencillo para él: un equipo de científicos (sí, mezclaba lo «sobrenatural» con la ciencia, no pregunten) estaba trabajando en un laboratorio secreto para llevar a cabo esta transmutación escatológica. El oro resultante, aseguraba, sería de una pureza tal que alcanzaría precios récord, y todos los gambianos se beneficiarían. El paraíso prometido, ¡y todo gracias a la caca!

Fuera de Gambia, la noticia fue recibida, como era de esperar, con una carcajada generalizada y un buen puñado de memes mucho antes de que los memes fueran mainstream. La prensa internacional se frotaba las manos ante semejante titular. Pero dentro de las fronteras gambianas, el ambiente era muy distinto. Bajo el puño de hierro de Jammeh, estas proclamas generaban más temor que risa. La gente se preguntaba, no sin angustia, si tendrían que «donar» sus propios excrementos al proyecto nacional o, peor aún, ser acusados de sabotaje si el oro no aparecía. Porque Jammeh no era un político al uso; era un dictador con un historial de decisiones que ponían los pelos de punta.

Recordemos que este mismo señor ya había afirmado tener una cura milagrosa para el SIDA y el asma, a base de hierbas y rituales espirituales, exigiendo a los pacientes que abandonaran toda medicación convencional. El resultado, lamentablemente, fueron muertes y la condena de la comunidad internacional. También declaró Gambia una república islámica y amenazó con decapitar a homosexuales. Durante sus 22 años en el poder, Jammeh se caracterizó por una mezcla de autoritarismo, misticismo y un toque muy personal de locura.

Así que, el proyecto «caca a oro» era solo una extravagancia más en su dilatada lista. Por suerte para los gambianos (y para sus baños), la «magia» nunca se materializó en lingotes. Jammeh, finalmente, fue forzado a exiliarse en Guinea Ecuatorial en 2017, tras perder unas elecciones y negarse a dejar el poder, lo que requirió la intervención militar de la ECOWAS.

La historia de Yahya Jammeh y su sueño dorado (y escatológico) nos deja una lección, o al menos una anécdota, que demuestra que la realidad a veces supera con creces cualquier ficción. Y que, a veces, un buen «polvo mágico» no es suficiente para arreglar la economía, por mucho que se hable de oro.