El Presidente de la Cámara critica un acto «repugnante» y era la gasolina no los ciclistas desnudos

El Presidente de la Cámara critica un acto
El presidente de la Cámara de Representantes de EE. UU. criticó duramente algo tildándolo de "perverso" y "repugnante". Aunque todos pensaron que hablaba del famoso paseo nudista en bici de Portland, su indignación iba dirigida a una propuesta de impuesto a la gasolina para financiar infraestructuras.
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Agárrense, porque esta historia es de las que te hacen levantar una ceja. Portland, Oregón, es famosa por muchas cosas: su café, su espíritu alternativo y, por supuesto, su desfile anual de bicicletas nudistas, la ‘World Naked Bike Ride’. Un evento donde, básicamente, mucha gente decide que la ropa está sobrevalorada y sale a pedalear por la ciudad. Pues bien, entra en escena el Presidente de la Cámara de Representantes de EE. UU., un señor con corbata y un cargo importante.

Este político, en plena comparecencia, soltó un par de adjetivos que son dinamita pura: calificó algo de «perverso» y «repugnante». Dada la proximidad temporal del paseo ciclista libre de textiles y el ambiente ya de por sí peculiar de la ciudad, el público y la prensa se prepararon para un sermón moralista de manual sobre la indecencia pública. Todo el mundo pensó: «¡Ajá! ¡Ya está el político de turno criticando a los ciclistas sin ropa!». La imagen mental de miles de cuerpos desnudos pedaleando era la única explicación posible para semejante ataque de ira moral en público.

Pero ¡zas! El giro argumental fue espectacular. El político hizo una pausa dramática y, ante la estupefacción general, aclaró que su arrebato moral no iba dirigido en absoluto a los valientes (y frescos) participantes del paseo nudista. No, su profunda indignación, lo que realmente le parecía una aberración moral y fiscal, era… ¡una nueva propuesta de impuesto a la gasolina para financiar proyectos de infraestructura!

Parece que ver miles de personas desnudas en bicicleta es tolerable para la clase política estadounidense (o al menos no merecedor de los peores adjetivos), pero que te suban un poco el precio del depósito… eso sí que es el colmo de la depravación. En resumen: lo «repugnante» no era la carne al aire, sino el precio del combustible. Una lección para todos: cuando un político usa palabras grandilocuentes, comprueba dos veces a qué se refiere, porque a veces la política fiscal es más escandalosa que cualquier exhibición pública. La próxima vez que oigamos a un político enfadado, igual deberíamos preguntarle si le preocupa más la moralidad pública o el recibo de la gasolinera.