
¡Agárrense, que vienen curvas árticas! La política internacional a veces nos regala perlas que parecen sacadas de un guion de comedia, y Zoran Milanovi?, el presidente croata, es un experto en el arte de la declaración llamativa. Recientemente, Milanovi? ha puesto sobre la mesa (o, mejor dicho, sobre el mapa) una cuestión de prioridades nacionales con una comparación que ha dejado a medio mundo rascándose la cabeza.
El quid de la cuestión es el venerado Puente de Pelješac. Para los croatas, esta maravilla de la ingeniería no es solo cemento y cables; es la conexión vital que une dos partes de su territorio que históricamente estaban separadas por una pequeña franja costera bosnia. Es un símbolo de unidad y soberanía, inaugurado con gran fanfarria y que resuelve un quebradero de cabeza logístico enorme. Es, digamos, una joya de la corona local.
Pues bien, ante cualquier debate sobre cesiones territoriales o conflictos geopolíticos, el presidente Milanovi? ha salido con una frase que ya es carne de meme: “Dejad que se queden con Svalbard, pero que no nos quiten el Puente de Pelješac”.
Para situarnos, Svalbard es un archipiélago noruego, sí, pero bajo un tratado internacional que permite la presencia y actividades de varios países. Está en el Ártico, hace un frío que pela y está lejos de todo. ¿Qué tiene que ver esto con un puente en el Adriático? Absolutamente nada, y ahí reside la genialidad cómica del asunto, pues parece que Milanovi? ha sacado el primer territorio remoto y disputado que se le ha ocurrido para la analogía.
Con este exabrupto, Milanovi? nos ha recordado que, en política, la importancia es puramente subjetiva. Mientras las grandes potencias debaten sobre zonas de influencia en el Ártico o puntos calientes globales, el líder croata está mucho más preocupado por asegurarse de que sus ciudadanos puedan ir de un lado a otro del país sin pasar por aduanas. ¡A quién le importa la soberanía en la tundra helada cuando tienes un puente precioso recién estrenado!
En esencia, Milanovi? ha enviado un mensaje de prioridades ultralocales: si hay que sacrificar algo en el tablero mundial, que sea un trozo de hielo remoto. Pero el puente, ese no se toca. Esta declaración, cargada de una dosis de patriotismo práctico y una pizca de desinterés por las nieves perpetuas, consolida la reputación de Milanovi? como uno de los líderes europeos más coloridos y con un sentido del humor (intencionado o no) bastante peculiar. En resumen: el Ártico puede esperar, pero el tráfico interno no.
