El portaaviones del futuro vuelve al vapor por orden presidencial

El portaaviones del futuro vuelve al vapor por orden presidencial
La Marina de EE. UU. tuvo que lidiar con la extravagante orden del expresidente Donald Trump de desechar el sistema de catapultas electromagnéticas (EMALS) de los nuevos portaaviones. Exigió volver a la tecnología de vapor, un capricho que generó gran tensión con los ingenieros navales.
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Imaginen la escena. EE. UU. invierte miles de millones en la nueva joya de la corona naval, el portaaviones de clase Gerald R. Ford, una maravilla tecnológica digna de una película de ciencia ficción. Entre sus avances más punteros está el sistema EMALS (Sistema Electromagnético de Lanzamiento de Aeronaves), un prodigio que usa la fuerza bruta del electromagnetismo para lanzar cazas al aire con precisión quirúrgica, dejando obsoletas las viejas catapultas de vapor que llevaban en servicio desde la Guerra Fría. Pues bien, mientras los ingenieros navales se daban palmaditas en la espalda por su avance, llegó el que fuera inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, y dijo: ‘Eh, no’. Resulta que el entonces presidente no estaba muy convencido con el nuevo juguetito. Tras ver un sistema de vapor en acción, o quizás simplemente porque el EMALS le parecía demasiado complicado o poco fiable, soltó una orden ejecutiva que dejó a la Marina con la boca abierta y las manos en la cabeza. ¿La orden? Volver al vapor. Sí, han leído bien. El portaaviones del futuro, una mole de acero que cuesta la friolera de 13.000 millones de dólares, tendría que volver a usar la tecnología de catapulta que se inventó en los años 50. Fue como si, de repente, la NASA decidiera volver a usar ábacos en lugar de superordenadores para calcular las trayectorias. La decisión generó un conflicto épico entre la Oficina Ejecutiva y los oficiales de la Marina, quienes intentaron explicar, pacientemente, que el vapor es menos eficiente, ocupa más espacio, pesa más y, francamente, es un retroceso logístico y tecnológico monumental. Sin embargo, cuando una orden ejecutiva presidencial se cruza, las objeciones técnicas a menudo se desvanecen. Aunque el EMALS ya estaba instalado en los primeros barcos de la clase Ford, Trump insistió en que los futuros portaaviones debían usar vapor. En resumen, una muestra más de cómo las decisiones políticas pueden revertir décadas de desarrollo tecnológico, obligando a los ingenieros a hacer malabares para meter una reliquia en un diseño de vanguardia. Un auténtico disparate naval.