El policía que quiso un sicario para su compañera: la trama de Chicago que supera la ficción

El policía que quiso un sicario para su compañera: la trama de Chicago que supera la ficción
Un sargento de la policía de Chicago, David Cruz, intentó contratar un sicario para matar a una compañera que se había quejado de él. Lo más surrealista es que sus superiores lo sabían desde julio y tardaron meses en despedirlo, tras reubicarle y la dimisión de la víctima.
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Pues sí, a nuestro querido sargento Cruz se le ocurrió la brillante idea de buscar a alguien que ‘se encargara’ de su colega. Según la información, el hombre estaba tan preocupado por perder su puesto y su jugosa pensión si las quejas de Clark prosperaban, que pensó que la mejor defensa era, digamos, un ataque ‘definitivo’. Esto ocurrió nada menos que en julio. Y aquí es donde la historia da un giro que ni los guionistas más audaces se atreverían a escribir en un drama policiaco.

Resulta que la cúpula del Departamento de Policía de Chicago (CPD) estaba al tanto de los planes homicidas de Cruz. ¡Sí, sí, lo habéis leído bien! El mismísimo superintendente Fred Waller y otros altos cargos sabían que tenían a un agente en sus filas que estaba planeando un asesinato. ¿Y cuál fue la primera reacción de estos adalides de la justicia? ¿Detenerlo? ¿Despedirlo de inmediato? Ni de lejos. Su primera medida fue… ¡reubicarlo!

De la Oficina de Gestión de Emergencias y Comunicaciones (donde estaba con Clark) lo movieron a un puesto administrativo sin contacto con el público. Un «castigo» que suena más a un cambio de escenario para un actor de teatro que a una acción disciplinaria seria ante una amenaza de muerte. Mientras tanto, Sara Clark vivía con el miedo en el cuerpo, sabiendo que su compañero quería verla bajo tierra. Al final, la pobre mujer no aguantó más la presión y dimitió de su puesto en noviembre.

Fue solo *después* de que Clark renunciara, y probablemente con la presión mediática o la indignación interna subiendo, cuando el CPD decidió que, quizás, contratar a un sicario para una compañera era motivo suficiente para un despido. Cuatro meses después del incidente, cuatro meses de tener a un aspirante a asesino a sueldo con placa y uniforme, y cuatro meses de dejar a una víctima a su suerte.

La historia ha dejado a más de uno con la boca abierta y la pregunta de siempre: ¿qué demonios estaba pasando por la cabeza de los líderes del CPD? ¿Qué tipo de mensaje se envía cuando se tolera algo así? Más allá del humor negro que provoca la incredulidad, la realidad es que esta chapuza burocrática pone en evidencia fallos gravísimos en la supervisión y la ética dentro de las fuerzas del orden. ¡Y luego que nos extrañe que la gente desconfíe! Una auténtica joya para el ‘Not The Onion’ de la vida real.