
En el mundo de la lucha contra el graffiti, hay dos bandos bien diferenciados: los que arman al cubo con pintura y los que optan por soluciones más… ¿artísticas? Pues bien, en Saanich, una localidad canadiense de la Columbia Británica, han decidido tirar la brocha para arriba y apostar por lo segundo. Y la cosa, amigos, está funcionando de maravilla, ¡aunque a su alcalde le cueste reconocerlo!
Imagina la escena: tu pared, antes un lienzo improvisado para firmas y garabatos, ahora luce un mural espectacular (o no tan espectacular, según el ojo del que mira, incluso si ese ojo es el del propio alcalde). Esta es la brillante estrategia que ha puesto en marcha Saanich para combatir el vandalismo callejero. En lugar de limitarse a limpiar y repintar, han lanzado un programa que es un ‘win-win’ en toda regla: los propietarios de inmuebles que se ven afectados por el graffiti pueden solicitar una subvención de hasta 2.500 dólares para encargar un mural a un artista local. ¡Dinero fresco para el arte y paredes impolutas (o, al menos, artísticas) para el pueblo!
La idea es simple pero efectiva: cubrir los «puntos calientes» del graffiti con arte de verdad. Porque, seamos sinceros, el graffiti suele aparecer donde ya hay graffiti. Pero si en vez de una pared gris tienes un dragón, un paisaje futurista o un perro con gafas de sol, los grafiteros se lo piensan dos veces antes de estropear la obra. ¿O es que nadie quiere ser el que echa a perder una pieza?
Lo más cachondo de todo esto viene de la boca del propio alcalde, Dean Murdock. Al parecer, la estética de algunos murales no le quita el sueño. «Bueno, no diría que quedan bien…», soltó Murdock con una sinceridad que le honra (y nos regala un buen titular). Pero rápidamente añadió, «pero es parte de los esfuerzos disuasorios que estamos haciendo y está marcando la diferencia». ¡Ahí lo tienes! La belleza está en el ojo del que mira, pero la eficacia está en las estadísticas. Y las estadísticas dicen que donde hay mural, hay menos graffiti.
El programa piloto, que costó 12.500 dólares para cinco murales, fue un éxito rotundo. Tanto, que el consistorio ha decidido extenderlo un año más, invirtiendo 25.000 dólares para financiar diez murales adicionales en 2024. Los artistas presentan sus propuestas, los propietarios eligen y Saanich pone la pasta. Es como un «Art Attack» a gran escala, pero con subvenciones y un objetivo muy claro: acabar con los garabatos indeseados.
Así que, mientras los equipos de obras públicas siguen con su cruzada de limpieza en las zonas «libres» de arte, Saanich se está convirtiendo poco a poco en una galería al aire libre. Una galería donde quizás no todas las obras sean dignas del MoMA, pero que demuestran que, a veces, la mejor forma de combatir la fealdad es con más (y subvencionado) arte. ¡Un aplauso para Saanich y su enfoque… peculiarmente efectivo!
