
Agárrense, porque la historia que nos llega desde Texas es de esas que te dejan con la boca abierta y la ceja levantada. Tenemos a dos caballeros de 65 primaveras, Frederick Bergmann y Joseph Romero, a los que las autoridades de Houston han acusado de un plan, por decir lo menos, peculiar: ¡derrocar el gobierno de Haití!
Según la acusación, estos dos titanes de la conspiración llevaban dándole vueltas a la cabeza desde, al menos, diciembre de 2021 hasta mayo de 2022. Su gran plan era ni más ni menos que hacerse con armamento, munición y equipo militar en Estados Unidos, para luego exportarlo ilegalmente a Haití. ¿Y para qué? Para, supuestamente, reclutar a un grupo de exsoldados colombianos y enviarlos a la isla caribeña con una misión: un golpe de estado en toda regla.
Pero la cosa no acaba ahí, que esto se pone aún más interesante. Al parecer, Romero, el autoproclamado doctor del dúo, tenía grandes aspiraciones. Se veía ni más ni menos que como el futuro Primer Ministro de Haití. ¡Menuda ambición! Por su parte, Bergmann, un exconvicto, debía ser el cerebro operativo. Se decía que entre sus filas contaban con un “ejército” no solo de los mencionados exsoldados colombianos, sino también de exagentes del FBI y de la DEA dispuestos a unirse a la aventura.
El plan incluía reuniones en Houston para buscar financiación, donde detallaban sus intenciones de controlar el puerto, el aeropuerto y las comisarías de policía de Haití una vez consumado el golpe. Incluso hablaban de una “casa segura” en República Dominicana y de cómo su “equipo de entrada” iría equipado con chalecos antibalas y armamento pesado. Ah, y por supuesto, el nuevo Primer Ministro (Romero) tendría su propio “equipo de seguridad”.
Está claro que estos dos no se andaban con chiquitas, al menos en su imaginación. La realidad, sin embargo, ha sido algo más prosaica: se enfrentan a cargos bastante serios, como conspiración para exportar armas ilegalmente, violación de la Ley de Neutralidad (que prohíbe expediciones militares contra países amigos) y, ojo, proporcionar apoyo material a una conspiración de asesinato o secuestro fuera de Estados Unidos. Si son declarados culpables, les esperan penas de prisión que podrían sumar varias décadas. Una historia digna de un guion de película de serie B, pero que, por lo visto, fue real como la vida misma.
