El plan de ‘no ir a currar’ que acabó con un colegio patas arriba y una llamada al 112

El plan de 'no ir a currar' que acabó con un colegio patas arriba y una llamada al 112
Un hombre de Florida, Ryan Anthony Williams, de 33 años, decidió que allanar una escuela, dormir en un aula, robar comida y causar estragos era una alternativa sensata a ir a trabajar. Su 'jornada' culminó con una serie de actos vandálicos y una sorprendente llamada al 112 para autoinculparse.
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Imagínate la escena: es domingo por la noche y la perspectiva del lunes en la oficina te pesa más que una losa. Pues bien, a Ryan Anthony Williams, un señor de 33 años de Florida, se le ocurrió una solución un tanto… digamos, peculiar. En lugar de coger una baja o simplemente saltarse el día, Ryan optó por la vía del arte y la delincuencia. ¿Su plan? Nada menos que irrumpir en la Gulfport Elementary School.

La cosa empezó de forma relativamente ‘discreta’. Ryan decidió que el colegio era el hotel perfecto para pasar la noche. Así que, después de forzar una puerta para entrar, se acomodó en un aula para echarse una siesta de campeones que duró toda la noche y parte de la mañana del lunes. Por el camino, no se olvidó de echar mano a la comida de la cafetería, porque uno no puede afrontar un día de ‘no currar’ con el estómago vacío, ¿verdad?

Pero la verdadera ‘genialidad’ de Ryan se desató con la luz del día. Una vez despierto, este artista conceptual improvisado decidió dejar su huella en el centro. Y no hablamos de un grafiti con buena intención. Ni corto ni perezoso, Ryan decoró una de las aulas con sus propias heces (sí, has leído bien) y varios dibujos de dudoso gusto moral. Por si fuera poco, decidió que el ambiente necesitaba un toque extra de dramatismo, así que disparó un extintor de incendios a diestro y siniestro, llenando de espuma varias zonas de la escuela. Vamos, que la lió parda, pero parda de verdad.

Lo más insólito de toda esta surrealista cadena de eventos llegó después. Tras su particular ‘fiesta’ de destrucción, Ryan tuvo una epifanía. Cogió el teléfono y, en lugar de intentar escapar, llamó al 112 para confesar todo el cotarro. Sí, se autoinculpó sin que nadie se lo pidiera, argumentando la razón más disparatada posible: simplemente no quería ir a trabajar. Las autoridades, que ya estaban investigando los daños, llegaron y lo detuvieron. Ahora, Ryan se enfrenta a cargos por allanamiento de morada en una estructura desocupada, daños criminales, hurto mayor, falsa alarma al sistema contra incendios y posesión ilegal de un extintor. Un currículum que pocos pueden igualar, todo por evitar una jornada laboral. Quién dijo que la pereza no era la madre de las más curiosas invenciones, ¿eh?