El perro callejero que se tomó muy en serio una obra de teatro callejera

El perro callejero que se tomó muy en serio una obra de teatro callejera
Un actor en Turquía que interpretaba a un 'villano' en una obra de teatro callejera fue atacado por un perro. El can, pensando que la escena de conflicto era real, se lanzó a morder al intérprete para defender a su compañero en la ficción, llevándose la ovación del público.
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En esto de la actuación, hay críticos de todo tipo: los que escriben en periódicos, los que protestan en redes y, por lo visto, los que llevan cuatro patas y pelazo. La historia nos lleva a un rincón de Turquía, donde un grupo de actores se dedicaba al noble arte del teatro callejero. La obra en cuestión era una pieza dramática de denuncia social, con alta intensidad, mucha gesticulación y gritos simulados de opresión.

Nuestro protagonista, el actor, interpretaba al antagonista, el malvado opresor de turno, y estaba enfrascado en una escena de conflicto físico con otro compañero. Todo iba según el guion: tensión, empujones, caras de sufrimiento… hasta que un espectador inesperado decidió que ya era suficiente drama. Un perro callejero, que pasaba por allí o estaba echando la siesta cerca, se dio cuenta del jaleo y debió pensar: «¡Alto! ¡La justicia dramática no se vende, se defiende!».

El animal, con un sentido del deber cívico sorprendentemente agudo, interpretó la escena como un ataque real y brutal hacia el actor que hacía de víctima. Ni corto ni perezoso, el can se lanzó directo a proteger al actor agredido, clavando sus colmillos (sin mala intención, o eso queremos creer) en la pierna del actor que hacía de villano. El pánico inicial se mezcló rápidamente con una carcajada generalizada entre la audiencia. El público, que ya estaba metido en la obra, se sintió doblemente entretenido. Imagina la escena: el villano, que segundos antes era imponente, ahora estaba chillando de dolor, no por la emoción del guion, sino por el celoso guardián de la moralidad canina.

El perro fue retirado del escenario improvisado y el actor, a pesar del pequeño mordisco que no causó heridas graves, se llevó una lección inolvidable: la próxima vez, que avisen a los animales del barrio de que ‘solo es teatro’. La anécdota sirvió para que la obra se detuviera momentáneamente, pero la ovación que recibió el perro, por su papel de ‘héroe inesperado’, fue sin duda la mejor crítica que el elenco podría haber recibido. ¡Un aplauso por ese crítico de cuatro patas y su compromiso total con la realidad de la ficción!