El perro Buster organiza una fuga épica en el aeropuerto de Vancouver y desata el caos

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La vida de un perro adoptado debería ser tranquila, pero para Buster, la emoción es la norma. Este can, que se preparaba para volar de Vancouver a Montreal para iniciar su nueva vida, decidió que un viaje de avión era demasiado aburrido y optó por una aventura a lo James Bond. Todo comenzó en el Aeropuerto Internacional de Vancouver (YVR), donde Buster demostró tener un talento innato para la evasión. En un momento de despiste o quizá con una ganzúa improvisada (la historia oficial no lo detalla), logró escapar de su jaula de viaje.

Durante 24 horas, Buster estuvo prófugo, campando a sus anchas por las instalaciones aeroportuarias. Imaginemos la escena: un perro corriendo entre pistas y hangares, mientras personal de tierra y seguridad intenta, sin éxito, acorralar al peludo fugitivo. Ante la ineficacia de los métodos tradicionales (como llamarle por su nombre), fue necesario recurrir a la artillería pesada.

Aquí es donde entra en acción Petsearchers Canada, los héroes sin capa que se especializan en localizar mascotas perdidas. Esta vez, el reto era mayúsculo: capturar a un perro escurridizo en un entorno tan delicado como un aeropuerto internacional. La táctica de Petsearchers no fue la de la fuerza bruta, sino la de la persuasión gastronómica.

El equipo instaló una trampa de captura humana, sí, una de esas jaulas que parecen de película de suspense, pero con un cebo de infarto. Para asegurar la rendición de Buster, prepararon un verdadero festín conocido internamente como «salsa secreta»: una mezcla irresistible de ternera, beicon y perritos calientes. Hay que reconocer que ante semejante despliegue culinario, hasta el mejor de los escapistas se rinde.

Finalmente, el delicioso olor pudo con la voluntad de hierro de Buster. El perro fue atraído a la trampa y capturado sano y salvo, poniendo fin a su breve pero memorable carrera como fugitivo internacional. Tras ser examinado, fue devuelto a sus nuevos dueños para que pudiera completar su viaje, presumiblemente, bajo una vigilancia mucho más estricta. Una vez más, la comida rápida se alza como la némesis de los grandes planes.