
Imagina que te encuentras un bicho en tu jardín de Aberdeen, Escocia, que parece sacado de un documental del Oeste americano. Pues eso mismo le pasó a alguien que, alucinando, llamó a la protectora de animales escocesa (la Scottish SPCA). Lo que encontraron no era una ardilla gigante ni un castor perdido, sino un perrito de la pradera en toda regla.
El pequeño roedor, bautizado temporalmente como ‘Marmalade’, estaba delgado y muerto de hambre, pero por lo demás, sano y salvo. La pregunta del millón era: ¿qué demonios hacía un perrito de la pradera en Escocia, a cientos de kilómetros de su hábitat natural? El misterio estaba servido.
La respuesta es una odisea digna de Hollywood. Tras una llamada a los medios, apareció su dueño, Jack, ¡que vivía en Birmingham, Inglaterra! Resulta que el verdadero nombre del aventurero es Gwdih? (pronunciado ‘gu-di-jú’, que significa ‘búho’ en galés), y se había escapado de casa. La teoría más plausible es que el pequeño Gwdih?, buscando un sitio calentito para echar una siesta, se metió en el motor de un coche y se marcó un ‘road trip’ involuntario de unos 640 kilómetros hacia el norte.
El oficial de rescate Greg Stevenson, que acudió a la llamada, admitió que el caso era ‘altamente inusual’, y no es para menos. Una vez en el centro de rescate de la SPCA en Fishcross, cuidaron del polizón hasta que su dueño se enteró de la noticia. Ni corto ni perezoso, Jack cogió el coche (esta vez de forma voluntaria) y se plantó en Escocia para recoger a su mascota fugitiva.
Jack, que estaba ‘en la luna’ de poder reunirse con Gwdih?, protagonizó junto a su mascota una de esas historias con final feliz que te alegran el día. Chris Hogsden, el director del centro, se mostró encantado de haber facilitado este reencuentro tan improbable. Un final redondo para un viaje de auténtica locura.
