El periplo inesperado de un cerebro donado: del estudio a la basura

El periplo inesperado de un cerebro donado: del estudio a la basura
Paula Ryan donó el cerebro de su madre a la ciencia, pero un error de una funeraria de Búfalo lo envió al vertedero. Tras un aviso de la universidad, se inició una búsqueda frenética que culminó con el rescate del órgano de un camión de basura. La familia exige responsabilidades por este insólito extravío.
0
0

Imagina que has donado algo de valor incalculable a la ciencia, con la esperanza de que contribuya al avance del conocimiento humano. Y de repente, te enteras de que ese valioso objeto ha decidido tomar un desvío… directamente al camión de la basura. No, no es el guion de una comedia negra, sino la peculiar historia que le ha ocurrido a Paula Ryan en Búfalo, Estados Unidos.

Todo empezó con un gesto noble. Tras el fallecimiento de su madre, Patricia Ryan, Paula decidió donar su cerebro a la ciencia, concretamente a la escuela de medicina de la Universidad de Búfalo. Un acto de altruismo que, por desgracia, se convirtió en una auténtica odisea con tintes surrealistas.

Paula, siguiendo las instrucciones, llevó el órgano en un recipiente especial y refrigerado a la Funeraria Amigone, en la avenida Delavan de Búfalo. La idea era simple: la universidad lo recogería de allí para iniciar sus estudios. Sin embargo, entre el plan y la ejecución, hubo un pequeño (y oloroso) malentendido. Por razones que aún se están investigando, en lugar de esperar a los científicos, el cerebro de Patricia acabó haciendo nuevas ‘amistades’ en el contenedor de basura de la funeraria. ¡Sí, al cubo!

El surrealismo de la situación escaló cuando la Universidad de Búfalo contactó a Paula, preguntando dónde estaba el preciado órgano. La sorpresa fue mayúscula. Tras una llamada de Paula a la funeraria, la verdad, por inverosímil que pareciera, salió a la luz: ¡el cerebro había sido desechado por error y ya lo había recogido el servicio de limpieza, concretamente un camión de Modern Disposal Services!

La funeraria, perpleja y mortificada, no tardó en movilizarse. Contactaron a la empresa de gestión de residuos, que, afortunadamente, logró interceptar al camión antes de que llegara al vertedero. En una escena digna de película, los operarios de basura revisaron el cargamento y, ¡eureka!, allí estaba: el cerebro de Patricia, recuperado milagrosamente de entre los desechos, listo para su destino científico.

Aunque la universidad confirmó que el cerebro llegó en condiciones óptimas y es ‘utilizable’ para la investigación, Paula Ryan no está precisamente de humor para celebrar. Exige responsabilidades y que se aclaren los protocolos de la funeraria para evitar futuros ‘desvíos’. La Funeraria Amigone ha calificado el incidente como un ‘desafortunado error’ y un ‘incidente aislado’, pero el mal trago ya está hecho.

Así que ya sabes, la próxima vez que hagas un donativo importante, quizás sea buena idea ponerle un rastreador GPS. Nunca se sabe cuándo un órgano puede decidir emprender una aventura inesperada hacia el centro de reciclaje.