El peor día para echarse una siesta: una mujer despierta en su ataúd justo antes de ser cremada

El peor día para echarse una siesta: una mujer despierta en su ataúd justo antes de ser cremada
Una mujer tailandesa declarada muerta tras sufrir un derrame cerebral, fue encontrada viva dentro de su ataúd por su familia, a solo unas horas de su cremación. Kanda, de 70 años, había sido dada por fallecida por los médicos, pero un parpadeo oportuno reveló el grave error, salvándola de un destino fatal.
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Imaginad el panorama: te levantas un día cualquiera, te sientes mal, colapsas y, de repente, ¡zas!, te declaran muerta. No es el plan de nadie, ¿verdad? Pues eso mismo le ocurrió a Kanda, una mujer de 70 años en Phuket, Tailandia, que tuvo el día más surrealista (y casi fatal) de su vida. La pobre sufrió un derrame cerebral por una hemorragia cerebral, y los médicos del hospital Vachira Phuket, con toda la buena intención pero un pequeño despiste, la dieron por fiambre a eso de las nueve de la mañana. Sí, «fallecida», así, sin más. Y, claro, la familia, desolada, empezó los preparativos del funeral.

La cosa no quedó ahí. La familia, que ya había sido informada a las diez de la mañana de la «trágica» noticia, se llevó el cuerpo de Kanda a casa en un ataúd, listo para la cremación programada para el mismo día. La llegaron a las dos de la tarde y comenzaron el rito, con inciensos y todo el tinglado tradicional. Pero la vida, o la ‘no-vida’ en este caso, es más cabezota de lo que parece. Cuando faltaban apenas un par de horas para que Kanda se convirtiera en cenizas –literalmente–, uno de sus hijos se dio cuenta de algo muy, muy raro: ¡su madre estaba parpadeando! Y no solo eso, ¡también respiraba!

Menudo susto, o mejor dicho, menuda alegría con un susto de muerte. Rápidamente, llamaron a un médico local, el Dr. Thongbai, que confirmó lo impensable: Kanda estaba viva. ¡Vaya metedura de pata médica! De inmediato, la mujer fue trasladada de vuelta al hospital Vachira Phuket, donde, a pesar de seguir en estado crítico, al menos estaba siendo tratada como una persona VIVA. La familia, entre el shock y la euforia, no sabía si llorar de pena o de alegría, o quizás de pura incredulidad ante semejante giro de los acontecimientos. Quién diría que un pequeño parpadeo a tiempo podría salvarte de ser pasto de las llamas. Desde luego, esta historia nos deja claro que, a veces, es mejor comprobar dos veces, no sea que la siesta se alargue demasiado y acabe uno en el «más allá» antes de tiempo. ¡Un aplauso por la atenta familia y un tirón de orejas (virtual) para el hospital!