El Pentágono organiza una operación secreta de espionaje para comprar una cámara de vigilancia de veinte euros

El Pentágono organiza una operación secreta de espionaje para comprar una cámara de vigilancia de veinte euros
DARPA, la agencia de proyectos avanzados del Pentágono, montó un operativo encubierto digno de película de espías para adquirir un dispositivo extranjero que creían armamentizable. Tras analizarlo exhaustivamente, descubrieron que era una cámara de vigilancia de consumo común y corriente que se vende por unos veinte euros online.
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Amigos, tenemos que hablar de niveles de infiltración y de pifias presupuestarias. En el universo del espionaje militar, el Pentágono es la Liga de la Justicia, ¿verdad? Pues bien, hasta la Liga de la Justicia tiene días tontos en los que confunde un arma nuclear con un vibrador… o en este caso, una pieza de tecnología militar puntera con un cacharro que te llega de AliExpress. La estrella de esta comedia de errores es DARPA (Defense Advanced Research Projects Agency), la sección que se supone que inventa el futuro bélico.

Según cuentan los informes, DARPA se puso manos a la obra con una misión ultrasecreta. Habían detectado un misterioso dispositivo de vigilancia de origen extranjero que les olía a tecnología disruptiva y peligrosa. Se convencieron de que, si lo conseguían, podrían modificarlo, ‘weaponizarlo’ (sí, ese es el verbo que usan) y darle un uso militar decisivo.

Para asegurar el éxito de la misión, no valía ir al Amazon de turno. Montaron un operativo encubierto de película. Colaboraron nada menos que el FBI, Seguridad Nacional (Homeland Security) y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza. Imaginad a agentes de élite, maletines, códigos secretos y quizás hasta gabardinas, solo para asegurarse de que ese paquete sospechoso llegaba a manos del Pentágono sin que nadie se enterase.

Una vez que tuvieron el ‘artefacto’ en su poder, no lo dejaron en la mesita. Contrataron a analistas expertos, pusieron en marcha laboratorios y emplearon tiempo y dinero público para hacer ingeniería inversa al supuesto arma.

El desenlace es glorioso. Tras gastar recursos que probablemente pagarían la luz de un pueblo pequeño durante un año, el equipo de analistas llegó a la conclusión demoledora: el dispositivo que habían obtenido con tanto secretismo y riesgo era, simplemente, una cámara de vigilancia de consumo, de esas que cualquiera puede comprar online por unos 20 o 30 euros para grabar al perro o a la vecina cotilla. El dispositivo no tenía ningún componente militar avanzado, era tecnología de estantería.

En resumen, la agencia que debe estar diez años por delante en tecnología militar ha necesitado una operación encubierta con múltiples agencias federales para comprar algo que podríamos haber comprado en una gasolinera. Que tiemblen nuestros enemigos, pero de la risa. Esto es lo que pasa cuando la paranoia se cruza con un presupuesto ilimitado.