El peculiar «plan de rescate» de un jefe de policía para las trabajadoras sexuales

El peculiar
Un jefe de la unidad de delitos sexuales en Sudáfrica se las ingenió para "ayudar" a trabajadoras sexuales. Su método: tener sexo con ellas en un coche oficial y en su oficina, alegando que así las quitaba de las calles. Una estrategia que, sorprendentemente, no ha sentado nada bien a sus superiores.
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¿Te imaginas a un jefe de policía con un plan tan… particular, que casi parece sacado de un sketch cómico? Pues agarraos, que la historia de hoy viene de Sudáfrica y no tiene desperdicio, demostrando que la realidad a veces supera con creces a la ficción.

Conoced al teniente coronel Phumzile Dennis Macala, ni más ni menos que el jefe de la Unidad de Violencia Familiar, Protección Infantil y Delitos Sexuales en Belén (no el de la Biblia, sino el de Sudáfrica). Su trabajo, en teoría, es proteger a los más vulnerables. Su interpretación de esa tarea, sin embargo, ha dejado a más de uno con la boca abierta y las cejas en la frente.

Macala fue pillado en un embrollo de proporciones épicas: se le acusaba de ir por ahí recogiendo a trabajadoras sexuales en un coche oficial de la policía, llevarlas a su oficina y, atención, mantener relaciones sexuales con ellas. Pero aquí viene lo mejor: él no veía nada malo en ello. ¡Al contrario! Según Macala, esto era parte de sus «deberes». Sí, como lo oyes. Él argumentaba que estaba «ayudándolas» y «desincentivándolas de las calles» a golpe de… ejem… encuentros íntimos.

Supongo que su lógica era: si están conmigo, no están en la calle. Un razonamiento tan brillante como un farol de gas en pleno siglo XXI. Además, el bueno de Macala afirmaba que les compraba comida y que incluso les ofrecía puestos de «trabajo general» en la comisaría. Y lo más delirante es que, según él, ¡algunas aceptaron! Quién diría que el departamento de policía tendría un programa de reinserción tan peculiar, donde el jefe se toma muy a pecho eso de «integrar».

Evidentemente, esta «estrategia de rescate» no sentó muy bien a sus superiores. Macala se enfrentó a una audiencia disciplinaria por «mala conducta grave». El comité, con muy poco sentido del humor para la situación, le encontró culpable y recomendó su despido. Lo calificaron de «abuso total de poder» y una «burla a la ley». ¿Burla? ¡Pero si él solo quería ayudar! El teniente coronel, ni corto ni perezoso, apeló la decisión. Hay que reconocerle la tenacidad, o la cara dura, según se mire.

Para rematar, el historial de Macala no se limitaba a estas «ayudas». También se enfrentaba a un cargo de agresión sexual contra una mujer policía, por el que ya había sido suspendido sin sueldo. Vaya tela con el defensor de los vulnerables. Es la ironía personificada: el que debería proteger, usando su posición para su propio beneficio (o para sus «programas de reinserción» tan originales).

En fin, una historia que nos recuerda que la realidad a menudo supera a la ficción, y que el humor, por negro que sea, siempre encuentra un resquicio incluso en las situaciones más inverosímiles. ¡Qué haríamos sin estos genios incomprendidos del orden público!