El pato kamikaze que tumbó a una pasajera en la montaña rusa

El pato kamikaze que tumbó a una pasajera en la montaña rusa
Jessica Adams sufrió un K.O. inesperado en el Goliath de Six Flags Great America. Mientras alcanzaba los 116 km/h, un pato se cruzó en su trayectoria, golpeándola en la cara. La pasajera perdió el conocimiento y acabó hospitalizada. Un pato de goma no hubiera sido tan peligroso.
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Ir a un parque de atracciones es buscar adrenalina, gritos, quizás algo de mareo, y alguna foto ridícula. Lo que uno nunca espera es salir de allí con el diagnóstico médico de haber sido noqueado por un pato. Pero eso es precisamente lo que le sucedió a Jessica Adams.

La escena se desarrolla en el Goliath, una de las atracciones estrella de Six Flags Great America, en Illinois, Estados Unidos. Para quien no lo conozca, el Goliath no es precisamente un cacharro lento; esta bestia de madera alcanza velocidades punta de unos 116 kilómetros por hora. Jessica estaba disfrutando del subidón de adrenalina que proporciona esta máquina de hacer churros cuando, de repente, un intruso emplumado decidió que el carril de la montaña rusa era la ruta aérea más adecuada.

En un encuentro digno de una película de serie B, el pato colisionó directamente con la cara de Jessica. Hay que reconocer el temple del animal, o quizás su falta de reflejos, pero el impacto fue brutal. A 116 km/h, hasta un pato de cien gramos se convierte en un proyectil serio. La pasajera, comprensiblemente, perdió el conocimiento en el acto y sufrió un corte en la cara debido a la colisión, mientras el tren seguía a toda velocidad.

El personal del parque, que seguramente no tiene un protocolo específico para ‘colisión con fauna voladora a alta velocidad’, asistió a Jessica inmediatamente después de que el tren se detuviera. Fue trasladada a un hospital para ser atendida, donde se recuperó del tremendo susto y, por supuesto, de la humillación de haber sido tumbada por un palmípedo. No se sabe cuál fue el destino del pato, aunque es poco probable que saliera ileso de semejante hazaña de kamikaze involuntario. La historia nos recuerda que, a veces, los mayores peligros en las atracciones no vienen de fallos mecánicos o arneses sueltos, sino de la fauna local con ganas de marcha.