
¡Agárrense que vienen curvas! Parece que en Misuri, Estados Unidos, un pastor ha encontrado una nueva y peculiar forma de animar a su rebaño a abrir la cartera. Y no, no estamos hablando de un bingo parroquial ni una rifa de cestas de Navidad. Esto va mucho más allá.
El protagonista de esta historia es el Pastor John Lindell, de la megapastoral James River Church en Ozark. En un sermón que prometía desvelar «Cómo Dios Bendice a los Diezmeros» (ya os podéis imaginar por dónde iban los tiros), el bueno de Lindell soltó una analogía que ha dejado a más de uno con la boca abierta y las redes sociales echando humo.
Imaginen la escena: el pastor, con todo su fervor, se pone a explicar que si uno decide quedarse con ese 10% de su sueldo (el famoso diezmo) en lugar de dárselo a la iglesia, es como si estuviera… ¡preparad@s para esto!… ¡dejando a sus propios hijos «desnudos en la calle»!
Sí, han leído bien. Según Lindell, si tú dices «No voy a dar a la iglesia, me quedo con ese 10%», lo que realmente estás diciendo es: «Voy a usar ese 10% para comprar ropa a mis hijos, para llevarles de vacaciones, para pillarles una bici nueva o la última PlayStation». Y acto seguido, lo contrapone con los «hijos» de la iglesia: las misiones, la obra social, el mantenimiento de las instalaciones y, cómo no, los sueldos del personal. Ergo, si gastas en tus churumbeles en lugar de en la congregación, ¡zas!, estás dejando a los «hijos» de la iglesia (sus ministerios, vaya) «desnudos y en la calle». ¡Menuda parábola!
Como era de esperar, este «consejo» espiritual fue captado en vídeo y, al más puro estilo viral, empezó a correr como la pólvora por internet. Y claro, las reacciones no se hicieron esperar. Desde calificativos como «manipulador» hasta «espantoso», pasando por quienes lo ven como un claro ejemplo de abuso emocional. La polémica está servida, y el debate sobre la presión a la hora de las donaciones eclesiásticas, candente.
No es para menos, James River Church no es una iglesia de barrio cualquiera. Es una megacongregación con múltiples sedes que, según los informes, recibe la friolera de más de 30 millones de dólares en donaciones anuales. Con semejantes cifras, la analogía de los «niños desnudos» cobra un tinte aún más… ¿peculiar?
Así que ya sabéis, la próxima vez que os planteéis si dar o no el diezmo, recordad al Pastor Lindell y sus «hijos» metafóricos. ¡Desde luego, la iglesia sabe cómo llamar la atención! Y tú, ¿qué opinas? ¿Demasiado directo o un toque de humor celestial?
