
En Chicago, la rivalidad entre los White Sox y los Cubs es casi una religión, y hay quienes se lo toman muy, pero que muy en serio. Concretamente, Leo R. Furgason, de 85 años, un superfan de los White Sox conocido cariñosamente como «Pope Leo», que ha llevado el arte del troleo a un nivel… digamos, funerario.
Este año, para celebrar (o lamentar, según el bando) el fin de la temporada de los Chicago Cubs, «Pope Leo» ha montado un altar muy particular en el jardín de su casa. Ni más ni menos que un ataúd de cartón pintado de negro y una lápida con un epitafio que es pura poesía del humor negro: «Chicago Cubs 1876-2013. ¡Te echaremos de menos! No.»
Sí, como lo lees. El bueno de Leo, un exjugador de béisbol de ligas menores que incluso llegó a medirse con la leyenda Jackie Robinson, no se anda con chiquitas. Completa su obra de arte fúnebre con un esqueleto de plástico, una gorra de los Cubs y una bandera «W» (esa que los fans de los Cubs ondean cuando ganan, aquí usada con un retorcido sentido de la ironía). No es la primera vez que hace de las suyas, lleva más de 20 años metiéndose con los vecinos de los Cubs, pero esta es la primera vez que se lanza a enterrarles con un ataúd.
Su «homenaje» no pasa desapercibido. Los coches se paran, la gente saca fotos, algunos se parten de risa y otros, claro está, se indignan. «¡Vete al infierno!» le han llegado a gritar. Pero a Leo le da igual, él lo tiene claro: «Todo es de buen rollo». Su mujer, Virginia, ya está acostumbrada y lo único que le pide es que se eche una siesta. El apodo de «Pope Leo» le viene de su época trabajando en una funeraria, donde solía decir: «Si estás muerto, llama al Papa Leo».
Este hombre, que vive en Bridgeport, un barrio tradicionalmente White Sox, adora picar a los seguidores de los Cubs, que no ganan unas Series Mundiales desde 1908 (al menos, no cuando se publicó esto). Mientras tanto, sus queridos White Sox levantaron el trofeo en 2005. Una diferencia que a «Pope Leo» le da mucha, mucha cuerda. Un troleo de leyenda, vaya.
