El padre bromista que aterrorizó a sus vecinos con disfraces de Halloween

El padre bromista que aterrorizó a sus vecinos con disfraces de Halloween
Un residente de Alexandria (Virginia) llamó a la policía al ver figuras “espeluznantes” inmóviles en el porche de su vecino. Resultó ser una tradición anual de Robert Lee, quien instala estas “bromas” para sus hijos universitarios. La policía confirmó que los disfraces no representaban amenaza alguna. ¡Un susto inofensivo con mucho humor!
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Imagina la escena: estás tranquilamente en casa y, de repente, echas un vistazo al porche de tu vecino y… ¡zas! Dos figuras inmóviles, de aspecto más que dudoso, te devuelven la mirada. Uno alto y delgado, enfundado en una sudadera con capucha negra, el otro, del tamaño de un niño, con una máscara blanca. Vamos, que no invitan a un café precisamente. Esto es justo lo que le pasó a un vecino de Alexandria, Virginia, que, con el corazón en un puño (y quién no), decidió que era mejor llamar a la policía.

Los agentes de policía de Alexandria recibieron la llamada y, como buenos profesionales, se personaron en el lugar de los hechos, preparados para cualquier cosa. ¿Un allanamiento? ¿Una reunión secreta de maniquíes diabólicos? Nada de eso. Al llegar, la «terrorífica» escena se desveló como el trabajo de un padre con un sentido del humor muy particular: Robert Lee.

Este hombre, ni corto ni perezoso, explicó a los atónitos agentes que todo era parte de una tradición anual. ¿Su objetivo? Gastar una broma a sus hijos, que actualmente están en la universidad. Su plan maestro era que, al ver las fotos o vídeos de sus peculiares decoraciones, se echaran unas risas desde la distancia. Y no solo eso, Lee confesó que rota estas escenas “espeluznantes” mensualmente o incluso semanalmente. ¡Imagina la paciencia del cartero!

La policía, tras investigar a fondo la situación (es decir, comprobar que los maniquíes no tenían pulso ni intenciones malignas), dictaminó que las figuras “no representaban ninguna amenaza”. El incidente se resolvió con la misma velocidad con la que los agentes reprimieron la risa. Así que, entre el susto del vecino, la originalidad de Lee y la templanza policial, la historia de los disfraces inmóviles se convirtió en una anécdota de lo más peculiar. Un recordatorio de que, a veces, la realidad supera a la ficción… especialmente cuando hay un padre bromista de por medio.