
Canadá, ese remanso de paz donde la mayor preocupación suele ser si queda sirope de arce, vivió unas semanas de auténtico frenesí gracias a la rebelión animal. Olvídense de osos o alces, el auténtico drama nacional lo protagonizó un avestruz, una criatura más dada a correr por la sabana que por los helados paisajes de Columbia Británica.
Esta historia tiene todos los ingredientes de un clásico de Hollywood, pero con más plumas y menos presupuesto. Durante días, una avestruz (o al menos un ratite grande, la crónica se centra en el misterio de la especie fugitiva) se convirtió en la evasora más buscada de Vancouver Island, sembrando el caos y, lo que es más importante, atrayendo una cantidad obscena de atención mediática y social. La fuga no era solo noticia local; era un fenómeno viral donde la gente seguía cada movimiento de la corredora libre con más pasión que una final de hockey.
Pero aquí llega el giro de guion que convierte esta noticia en material de oro para blog: la ‘Ostrich Saga’ llegó a oídos de la élite política estadounidense. Sí, hablamos del activista y candidato presidencial Robert F. Kennedy Jr. Al parecer, el señor Kennedy, conocido por sus posturas alternativas, encontró en la huida del pájaro un símbolo de resistencia y libertad. Se convirtió en un seguidor declarado de la avestruz, utilizando su plataforma para comentar la situación. Es decir, mientras el mundo debatía políticas complejas, un candidato a la Casa Blanca estaba enganchado a un avestruz canadiense que huía de las autoridades. Absolutamente bizarro.
Finalmente, y tras mantener en jaque a las fuerzas del orden y a los cuidadores durante un tiempo considerable, la odisea llegó a su fin. La avestruz fue capturada. Los detalles de la detención son tan anticlimáticos como cabría esperar de una persecución de animales: la avestruz fue localizada y devuelta a un lugar seguro. Afortunadamente, este desenlace puso fin al drama sin que la criatura sufriera daños, aunque supuso la pérdida de su breve, pero intensa, racha de fama mundial. Imaginamos que RFK Jr. habrá lamentado el fin de este símbolo de la ‘libertad’ aviar, pero al menos la avestruz ya no tendrá que preocuparse por la vigilancia constante del público y de los políticos estadounidenses.
