El Nobel más escurridizo: la Academia no logra contactar a su premiado ermitaño digital

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¡Atención, mundo! La Real Academia Sueca de Ciencias ha hecho su anuncio. El Premio Nobel de Física de este año es para… ¡redoble de tambores!… el Dr. William T. Sherman, de 78 años. Pero aquí es donde la cosa se pone interesante, y un pelín ridícula, todo sea dicho.

Y es que, mientras el mundo entero se ha enterado de su monumental logro, el propio Dr. Sherman está más perdido que un pulpo en un garaje… de la comunicación, claro. La Academia está que trina, intentando, sin éxito, contactar con el flamante galardonado. ¿El motivo? Nuestro querido doctor vive en su propia burbuja temporal, alejado de las maravillas (y las prisas) del siglo XXI. Olvidaos de WhatsApp, de Twitter, de correos electrónicos o incluso de un simple móvil. ¡Nada de nada! Su única conexión con la civilización son un teléfono fijo y, ocasionalmente, cartas escritas a mano. Una reliquia viviente, vaya.

Según la poca información que ha trascendido, este genio de la física cuántica, responsable de una teoría de campo que ha revolucionado el mundillo, reside en una cabaña remota en el norte de California. Y, para más inri, cuando el comité Nobel intenta llamarle a su teléfono fijo, lo que se encuentran es un contestador automático que dice que el doctor está “fuera pescando”. Sí, habéis leído bien. Mientras la élite científica y la realeza sueca se desesperan, el Dr. Sherman está a lo suyo, con su caña y sus peces, ajeno al follón que ha montado.

Lars Lonnroth, el secretario permanente de la Fundación Nobel, lo ha expresado con la elocuencia de quien ya ha tirado la toalla: “Aunque su trabajo pionero en la teoría cuántica de campos es innegable, su estilo de vida reclusivo está resultando ser una pesadilla logística”. Imaginaos la escena: un equipo de personas intentando localizar a alguien que, voluntariamente, ha decidido vivir como si no existiera internet. Un despropósito digno de un guion de comedia.

La cosa está tan mal que el comité ha enviado ya varios mensajes de voz, ha redactado cartas formales y hasta se está planteando mandar un “enviado especial” para comunicarle la buena nueva en persona. La verdad es que casi parece una película de espías, pero con menos explosiones y más frustración. Eso sí, con un toque de humor que nos encanta.

Así las cosas, y a falta de que el Dr. Sherman decida volver a la civilización o que algún pez le traiga el mensaje, se espera que el genio de la física se entere de su premio… ¡la próxima semana, a través del periódico que le reparten cada día! Una manera, sin duda, la más clásica y sorprendente, de recibir la noticia más importante de su carrera. ¡Larga vida a la desconexión!