
Imagina que eres un coche. Un modesto Nissan Sentra del 96, para ser exactos. Tu vida transcurre, digamos, tranquila en las calles de Portland, Oregon. De repente, ¡zas!, una grúa te levanta. Te mueven a unos metros, a otra calle. Catorce días después, ¡zas de nuevo!, otra grúa te vuelve a remolcar. Y lo más surrealista de todo: nadie se había dado cuenta de tu existencia, ni de tu precario estado, hasta el segundo arrastre. Parece la trama de una comedia de enredos, pero es la historia real del coche de Michael Miller, un hombre sin hogar.
Todo empezó el 17 de octubre de 2013, cuando el pobre Sentra, aparcado en la intersección de SE 12th Avenue y Morrison Street, fue considerado un estorbo por un negocio local. La grúa de Action Towing acudió rauda y veloz, no para llevarlo a un depósito municipal, sino para simplemente trasladarlo a otro punto “legal”: la intersección de SE Water Avenue y Main Street. ¡Ojo al dato! Según las normas de Portland, si un vehículo está mal aparcado, se le puede dar un «meneíllo» y moverlo a una milla de distancia. Aquí la cosa chirría, porque el coche llevaba la matrícula caducada desde ¡diciembre de 2011! Casi dos años de abandono silencioso que a nadie le pareció importar lo suficiente como para una retirada definitiva.
Y así, quince días después de su primer «tour» por Portland, el 31 de octubre, otra grúa, esta vez de Broadbent Towing, lo encontró de nuevo. ¿La razón? Exacto, sus placas caducadas. Fue en ese momento cuando la ciudad, o al menos el Buró de Transporte de Portland (PBOT), se dio cuenta de que algo olía a podrido en Dinamarca, o más bien, a gasóleo viejo en Oregon. Un portavoz de PBOT admitió que era «muy inusual» que un coche fuera remolcado dos veces sin que nadie lo clasificara como vehículo abandonado de buenas a primeras. Si un coche está abandonado, debería recibir una etiqueta de advertencia de 72 horas y luego ser llevado a un depósito, no simplemente reubicado.
La historia dio un giro inesperado. Las empresas de remolque, conmovidas o quizás un poco avergonzadas por el desbarajuste, se ofrecieron a devolverle el coche a Michael Miller sin coste alguno. Incluso Broadbent Towing le propuso una revisión mecánica gratuita. Pero Michael, lejos de querer recuperar su ‘compañero de aventuras’, rechazó la oferta. Con una actitud zen, explicó que no quería lidiar con la renovación de las etiquetas ni con las posibles reparaciones. Su plan era, simplemente, buscar un coche nuevo.
Así termina la saga del Nissan Sentra que fue «rebotado» por las grúas de Portland. Una anécdota que, además de sacarnos una sonrisa por lo absurdo, nos recuerda que a veces, incluso en la más rocambolesca de las situaciones burocráticas, hay quien prefiere pasar página y dejar que el coche fantasma siga su propio camino hacia el desguace o una nueva y misteriosa vida en el limbo de los vehículos perdidos.
