
Imagina la escena: Nueva Orleans, en plena ola de calor, con temperaturas que te hacen sudar hasta las ideas. En medio de este bochorno pegajoso, un artista callejero llamado David Vaught se topa con algo inesperado justo en la puerta del mismísimo Museo del Vudú de Nueva Orleans, en la mítica Bourbon Street. ¿Un niño en apuros? ¿Una aparición fantasmal? ¡Qué va! Era un muñeco de vudú… ¡pero hecho completamente de hielo!
Al principio, David se llevó un buen susto. Vio una figura en el suelo que parecía un chiquillo en problemas, derritiéndose a toda velocidad. Pero al acercarse, la realidad, tan extraña como divertida, se hizo patente: era una especie de figura humana, congelada, con dos piernas, dos brazos y lo que parecía ser un alfiler o un cuchillito clavado en su pecho. Vamos, el kit completo para un buen conjuro, pero en versión refrescante.
«Fue bastante gracioso. Fue como muy guay», comentó David, aún entre risas al recordar el momento. Y es que la imagen tiene tela: un muñeco de vudú, símbolo de misterio y sortilegios, sucumbiendo a las leyes más básicas de la física por culpa del calor infernal de Luisiana. ¿Acaso era una maldición que se disolvía? ¿Un intento fallido de vudú veraniego? O quizás, simplemente, una obra de arte efímera que nos recuerda que ni la magia más oscura puede con una buena ola de calor.
Este muñeco helado, que estaba literalmente echando el último aliento a los pies del museo, se ha convertido en la anécdota del verano. Una señal clara de que, en Nueva Orleans, hasta los conjuros tienen fecha de caducidad cuando el termómetro decide apretar. Un recordatorio con mucho arte (y algo de cachondeo) de que el vudú es parte de la cultura de la ciudad, pero el calor, amigos, ese es el verdadero hechicero imparable.
