¿Por qué la Cúpula Dorada de la Universidad de Notre Dame es… bueno, dorada? Y más importante, ¿por qué es tan fundamental que siga siéndolo, considerando que regalarle una nueva capa de oro cada veinte años se come un buen pellizco del presupuesto, rondando los cientos de miles de dólares? Ante una pregunta tan seria sobre la necesidad de mantener ese brillo tan especial, el reverendo John I. Jenkins, presidente de la universidad, no se anduvo con rodeos ni con explicaciones filosóficas sobre el legado o la tradición. Su respuesta fue tan concisa como desarmante, y precisamente por eso, ¡brillante! (valga la redundancia).
Cuando se le plantó la cuestión de la importancia de ese recubrimiento áureo, el bueno del Padre Jenkins, sin pestañear y con la aparente lógica de un niño explicando por qué le gusta un juguete, soltó: «Porque es brillante». Así, sin más. Ni discursos sobre la herencia arquitectónica, ni estudios de impacto visual, ni marketing universitario. Pura y simple brillantez. Un «porque sí» envuelto en pan de oro que ha pasado a la historia como una de las justificaciones más honestas (y desternillantes) para una de las características más icónicas de cualquier campus universitario.
Esta respuesta, que podría haber sido el final de una conversación incómoda sobre finanzas, se convirtió en la anécdota estrella. Y es que, seamos sinceros, ¿quién puede discutir con eso? Un objeto brillante capta la atención, es vistoso, y en el caso de la Cúpula Dorada de Notre Dame, un faro literal que ha guiado a generaciones de estudiantes y visitantes, siendo una de las características más reconocibles de la universidad. Su simplicidad es lo que la hace tan poderosa y memorable. En un mundo donde todo tiene una explicación compleja y justificaciones grandilocuentes, la franqueza del Padre Jenkins es un soplo de aire fresco (y un destello de oro puro).
Así que, la próxima vez que te preguntes el porqué de algo aparentemente extravagante o costoso, recuerda al presidente de Notre Dame. Quizás la respuesta sea mucho más sencilla de lo que crees. ¡Y probablemente también sea brillante!




