El monstruo marino que acabó de adorno en un jardín

El monstruo marino que acabó de adorno en un jardín
Un pez remo gigante de 2,4 metros, una criatura abisal mítica, apareció en una playa de Nueva Zelanda. Un pescador, Paul Van der Zee, decidió convertirlo en un extravagante adorno de jardín, limpiándolo y colocándolo en su casa. Sin embargo, las autoridades de conservación lo recuperaron rápidamente para fines de investigación científica.
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¡Atención, amantes de lo bizarro y los adornos de jardín poco convencionales! Parece que en Nueva Zelanda no se conforman con las típicas gárgolas o setas de cerámica. Allí, si eres un pescador con iniciativa como Paul Van der Zee, un «monstruo marino» de 2,4 metros puede acabar siendo la pieza estrella de tu césped. Sí, habéis leído bien.

La aventura comenzó en la playa de South Brighton, Christchurch, donde Paul se topó con lo que, a primera vista, parecía sacado de una peli de serie B: un bicho enorme, plateado y con pinta de no ser de este mundo. Al principio, Paul y su hijo pensaron que era un tiburón o, quizás, un delfín con muy mala noche. Pero no, amigos, el misterio era mucho más profundo… ¡literalmente!

Resultó ser un pez remo, una criatura de las profundidades marinas que rarísima vez se deja ver por la superficie. Estos bichos son los reyes del escondite, viviendo a más de 1.000 metros bajo el agua. Pueden llegar a medir ¡hasta 11 metros! De hecho, son los peces óseos más largos del planeta y se les atribuye ser la base de muchísimas leyendas de serpientes marinas. Imagina la cara de los antiguos marineros al ver uno de estos aparecer. ¡Normal que se inventaran mitos!

Lo curioso es que, si tienes la «suerte» de encontrarte con uno, suele ser porque está ya de capa caída, enfermo o tras una tormenta que lo ha desorientado. No es que salgan a tomar el sol, precisamente. Este ejemplar en particular, aunque era un juvenil de «solo» 2,4 metros, ya imponía lo suyo.

Pero aquí viene la parte que nos hace soltar la carcajada. ¿Qué hizo Paul Van der Zee con su hallazgo digno de un documental de National Geographic? ¿Llamar a científicos? ¿Donarlo a un museo? ¡Qué va! Nuestro amigo Paul, ni corto ni perezoso, lo cargó en su camioneta y se lo llevó a casa. ¿Para qué? Pues para limpiarlo y… ¡colocarlo como adorno en su jardín! Sí, un pez remo de casi dos metros y medio, haciendo de pasacables en el césped. ¡Menuda declaración de intenciones decorativas!

Claro, una obra de arte tan vanguardista no podía pasar desapercibida. Al día siguiente, el Departamento de Conservación se presentó en casa de Paul. No para admirar su gusto, sino para llevarse al pez. Querían tomar muestras y estudiarlo, algo bastante más provechoso que verlo como parte de una instalación artística al aire libre.

Así que, el pez remo, que pasó de ser un «monstruo marino» a la curiosa mascota de jardín de un pescador neozelandés, ahora tiene un destino más científico. Lo más probable es que acabe en un museo o sea reenterrado. Una pena para el jardín de Paul, pero una gran noticia para la ciencia. ¡Al menos la historia nos ha dejado claro que la creatividad neozelandesa no tiene límites, ni siquiera con los peces de las profundidades!