El moderador que «lo arregló» con una perla sobre el aborto

El moderador que
Un presentador de un evento de la Premier de Alberta desató la polémica al disculparse por un error de género y, justo después, lanzar la pregunta: "¿Podemos culpar a las mujeres del aborto?". La Premier Danielle Smith, presente en el acto, reaccionó con notoria incomodidad ante el comentario.
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¡Menudo bochorno! Imaginen la escena: un evento político de alto calibre en Alberta, Canadá, con la mismísima Premier Danielle Smith en primera fila, lista para debatir sobre el futuro. El ambiente, se supone, es de seriedad y buenos propósitos. Pero, como suele pasar, la realidad a veces supera la ficción, y los eventos en directo tienen un don especial para regalarnos momentos… memorables.

Nuestro protagonista de hoy es Dave Rutherford, el moderador de «Alberta Next: The Path Forward». Todo iba más o menos según el guion hasta que, en un desliz, Rutherford se equivocó al referirse a la líder del NDP, Rachel Notley, usando un género incorrecto. Un error que, aunque involuntario, requería una disculpa. Y ahí vino. Rutherford se disculpó, sí, con un tono que pretendía ser conciliador.

Pero, ¡ay, amigos!, lo que vino después dejó a más de uno con la boca abierta y las cejas en la nuca. Justo cuando pensábamos que la cosa se zanjaba, el moderador decidió añadirle un poco de «sal y pimienta» al asunto. Con una transición que pasará a los anales de la lógica invertida, soltó: «Lo siento por el error de género, ¿pero podemos estar de acuerdo en que las mujeres son la razón del aborto? Venga, lo dejamos ahí, ¿eh?». Sí, lo leen bien. Un «eh?» al final, como si estuviera comentando el tiempo.

La Premier Smith, que estaba justo allí, junto al panel, fue captada por las cámaras en un momento de pura incomodidad. Una risa nerviosa, un rápido «Ok» y un cambio de tema que intentó ser sutil, pero que gritaba a los cuatro vientos: «¡Tierra, trágame!». No hubo una condena inmediata de sus palabras, algo que no pasó desapercibido para la oposición, que no tardó en criticar el silencio de la Premier.

Más tarde, y con la que se lió, desde la oficina de Smith se apresuraron a aclarar que la Premier «no comparte esta opinión» y que «no está de acuerdo con esa declaración», enfatizando que las mujeres toman sus decisiones sanitarias en consulta con sus profesionales. Vamos, lo que se dice un intento de apagar el fuego con agua bendita después de que la casa ya estuviera ardiendo.

Este episodio nos deja una valiosa lección sobre la importancia de la coherencia, el tacto en público y, sobre todo, sobre el arte de saber cuándo es mejor callarse. Porque a veces, una disculpa a secas es más que suficiente. Y otras, bueno, se convierte en el trampolín perfecto para saltar a la piscina de la controversia sin flotador.