
¿Preparados para una historia que ni Walt Disney podría haber imaginado? Pues bien, en el fantástico mundo de SeaWorld Orlando, donde las orcas saltan y los delfines sonríen, una mujer asegura que sufrió un ataque digno de una película de Hitchcock… pero con un pato. Sí, un pato.
Corría el año 2013, un soleado día de marzo, cuando Kristi Schlegel, nuestra protagonista, paseaba tranquilamente por el parque. Según su versión, un pato, ni corto ni perezoso, la emprendió a «violentos golpes» contra ella. ¿El resultado? Un tropiezo, una caída de lo más aparatosa y, según el parte médico, una fractura de rodilla y unas cuantas lesiones más. Obviamente, el incidente no se quedó en un simple ‘ay, qué pena’ y acabó en los tribunales, con una demanda de daños y perjuicios contra el famoso parque temático.
Pero aquí viene lo bueno. SeaWorld, ni un pelo de tonto (o de pluma, según se mire), ha respondido a la acusación con una defensa que deja a cualquiera con la boca abierta: ‘¡No hay pato!’. Así, tal cual. Los abogados del parque alegan que, tras revisar meticulosamente las grabaciones de seguridad del momento del ‘ataque’, no aparece ni rastro del susodicho agresor emplumado. Ni un graznido, ni una pluma, ni una sombra sospechosa. Nada de nada.
Según la versión de SeaWorld, la señora Schlegel simplemente sufrió una caída. ¿Los factores? Pues que iba calzada con chanclas (lo que, seamos sinceros, no es el calzado más seguro para un parque de atracciones) y que, por algún motivo, perdió el equilibrio sin intervención aviar. Es decir, que el pato, o bien era un ninja invisible, o bien solo existió en la imaginación de la demandante.
Este peculiar caso ha generado bastante revuelo, y no es para menos. ¿Estamos ante el primer caso de un ‘pato fantasma’ o, quizás, ante una lección sobre la importancia de elegir bien el calzado? Lo que sí está claro es que la historia de Kristi y el pato de SeaWorld es de esas que te hacen levantar una ceja y pensar: ‘Solo puede pasar en Florida’.
