El misterio de los enormes zapatos presidenciales en el gabinete de Donald Trump

El misterio de los enormes zapatos presidenciales en el gabinete de Donald Trump
Marco Rubio y JD Vance desatan burlas tras aparecer luciendo unos zapatos gigantes regalados por Donald Trump. La cómica situación reabre el debate sobre la vanidad, el ego masculino y el mito anatómico sobre el tamaño del pie en las altas esferas de la política.
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A lo largo de la historia de la moda masculina hemos visto de todo. En la Europa medieval, los aristócratas marcaban tendencia luciendo las excéntricas polainas de punta infinita. Sin embargo, en el Despacho Oval de Donald Trump, una nueva e hilarante moda de calzado ha captado la atención del público esta semana: el zapato que te queda enorme.

Detalle de los enormes zapatos de Marco Rubio

Fotografías recientes del Secretario de Estado Marco Rubio y del Vicepresidente JD Vance han desvelado un detalle que resulta bastante difícil de ignorar. Ambos lucían unos elegantes zapatos de vestir negros, pero con un hueco tan inmenso entre el borde del zapato y el tobillo que sus pies bailaban libremente por dentro. Según la red, el tobillo colgaba en la abertura «como el badajo de una campana».

El dudoso regalo presidencial

Al parecer, Donald Trump ha adquirido una curiosa costumbre: repartir calzado nuevo a los funcionarios masculinos de su entorno cercano. Según ha informado The Wall Street Journal, el presidente encarga sobre la marcha zapatos estilo Oxford de la conocida marca de precio medio Florsheim, que posteriormente sus leales subalternos se ven obligados a calzar religiosamente.

JD Vance y Marco Rubio mostrando su exceso de calzado

El problema principal del calzado «aprobado por el presidente» que lucen Rubio y Vance, tal y como señala el experto en moda masculina Josh Peskowitz, es bastante evidente: «les queda claramente demasiado grande».

«Dime qué talla calzas y te diré…»

Según el relato del propio Vance, tanto él como Rubio y otro político anónimo le facilitaron en persona a Trump sus respectivas tallas de pie: un 13, un 11.5 y un 7, respectivamente (según el tallaje estadounidense). Fue entonces cuando el presidente soltó una de sus lapidarias y particulares frases:

«Puedes saber mucho sobre un hombre por la talla de sus zapatos.»

Pero lo que definitivamente no puedes saber —especialmente por la talla que un hombre asegura tener— es si los zapatos le van a encajar en el pie. Aquí es donde entra en juego el ego masculino y el famoso folclore anatómico. Aunque los estudios científicos han demostrado por activa y por pasiva que la talla de pie no tiene ninguna correlación real con la longitud del pene, el imaginario popular se empeña en creer que «a zapato más grande, hombre más grande». Esta profunda vanidad puede empujar a más de uno a jugar con los hechos al elegir número.

¿Es culpa de la fábrica o puro ego?

Pero seamos justos, no toda la culpa recae en la vanidad de nuestros políticos. El mundo de las tallas del calzado masculino es un auténtico caos oscilante. Los expertos señalan varios factores técnicos que complican dar en el blanco con el número perfecto:

  • Cero estandarización: Elizabeth Semmelhack, directora y curadora del Museo del Calzado Bata en Toronto, insiste en que jamás ha existido un método estandarizado universal para definir las tallas.
  • Ventajas del mercado: A las propias marcas les resulta rentable tener hormas únicas para diferenciarse de los competidores. Un 9 de una marca bien podría ser el 10 de otra.
  • El temido diseño: Las zapatillas deportivas suelen pedir un espacio extra, pero la marca Florsheim advierte a sus compradores que si llevan un 10 en zapato deportivo, en uno de vestir seguramente necesiten solo un 9.5.

Chuck Schumer hablando con Marco Rubio, donde se aprecia el hueco en el talón

A pesar de que Florsheim ya no produce en EE.UU. y delega la confección a lugares variados, los expertos confirman que suelen ajustarse bien a la talla real. Además, Justin FitzPatrick, experto en zapatos elegantes, afirma tajantemente que el cuero cede con el uso: «El usuario experimentado sabe que al principio deben apretar un poco e incluso hacer ampollas, para luego ablandarse como la mantequilla».

El veredicto final: «Problema de destreza»

Llegados a este punto: ¿dónde fallaron estrepitosamente Vance y Rubio? ¿Acaso olvidaron qué número usan realmente? ¿Pretendían que se los ensancharan antes de tiempo? ¿O es que en su cabeza aspiran a tener un pie mucho más imponente de lo que marca la cruda realidad de su genética?

Mientras Peskowitz bromea con el evidente «razonamiento juvenil» que podría llevar a un hombre a calzarse unos barcos, descarta que caminar como un payaso sea un truco estilístico de alta moda. Jake Woolf, creador de contenido enfocado al público masculino, lo sentencia de una forma brutal y directa:

«Yo no culparía a Florsheim. Parece simplemente un problema de habilidad y/o un error del usuario.»

Moraleja de la historia: Si algún día Donald Trump te regala unos zapatos y te pide tu talla, trágate tu orgullo, di la verdad y evita convertirte en el hazmerreír mundial.