
Imaginen la escena: una formación de soldados de la Bundeswehr, con sus uniformes impolutos, esperando un discurso inspirador sobre estrategia, disciplina o quizás el nuevo presupuesto de defensa. Pero lo que recibieron de Thomas de Maizière, el entonces ministro de Defensa de Alemania, fue una clase magistral sobre la importancia de la salud digestiva. Y no una salud digestiva cualquiera, sino una que se mide en… bueno, en la calidad de la flatulencia.
La flatulencia como indicador de bienestar
El discurso de Maizière pasó a la historia de los momentos más surrealistas de la política europea. En un intento de hablar sobre el bienestar general y la forma física de las tropas, el ministro decidió descender a un nivel sorprendentemente íntimo, afirmando que un soldado feliz y sano se detecta por su interior. Y aquí llega la frase que ya es leyenda.
Según Maizière, los soldados deben esforzarse por tener un «intestino contento» (glücklicher Darm). Y la prueba de este contento intestinal, la señal de que todo marcha a las mil maravillas, es la emisión de «pedos felices» (glückliche Fürze). Sí, leen bien. El jefe de la defensa de una potencia mundial estaba dando un discurso motivacional centrado en la eufórica liberación de gases.
Motivación gaseosa y moraleja militar
Aunque la intención del ministro era, presumiblemente, humanizar la vida militar y recordar la importancia de una dieta saludable y el ejercicio físico, la elección de palabras fue, cuanto menos, desafortunada o, vista desde la perspectiva de la comedia, absolutamente genial. En un entorno tan rígido y formal como el militar, hablar de los efluvios internos de los hombres y mujeres en servicio es un golpe de efecto que ni el mejor guionista podría haber inventado.
El mensaje subyacente, aunque un poco difícil de tragar (o de oler), era serio: la salud digestiva es fundamental para el rendimiento y la moral. Si el estómago está bien, la mente también lo está. Pero encapsular este profundo mensaje de bienestar en la imagen de un soldado desprendiendo un pedete de júbilo es lo que convierte esta noticia en un tesoro mediático. Podemos imaginar a los soldados intentando mantener la compostura mientras su ministro les explicaba que sus deposiciones internas debían ser motivo de alegría. La disciplina militar puesta a prueba por la biología.
El legado de los «pedos felices»
Este episodio se convirtió rápidamente en un fenómeno viral en Alemania y más allá, demostrando que incluso los altos cargos políticos, cuando intentan salirse del guion, pueden acabar regalándonos momentos de pura comedia involuntaria. Maizière probablemente buscaba la cercanía, pero consiguió la inmortalidad a través de un concepto digestivo. La próxima vez que un general hable de la fuerza de ataque, esperaremos que aclare si se refiere a la fuerza del ejército o a la fuerza del vientre de sus tropas.
Así que la lección está clara: no solo hay que asegurarse de que el equipamiento esté listo y el armamento a punto, sino también de que los intestinos de la tropa estén produciendo la señal sonora de la satisfacción. Un recordatorio crucial para cualquier soldado: la verdadera felicidad reside en el tracto gastrointestinal.
