¿Estás harto de que tus hijos te pidan la tableta o el último videojuego con un simple ‘porfa’? Pues toma nota de JJ Redick, el exjugador de la NBA conocido por su tiro letal y, ahora, por su estricto y francamente brillante régimen educativo. Redick ha pasado de lanzar triples a lanzar desafíos retóricos a sus vástagos. Y no, no vale con un argumento de diez segundos.
La escena es la siguiente: un niño quiere un nuevo título para la PlayStation, o quizás solo media hora extra de su adicción digital favorita. En lugar de un simple sí o no, o el clásico tira y afloja que desgasta a cualquier padre, papá Redick les da un ultimátum muy peculiar: convénceme, pero con fundamento. Los herederos de Redick, si quieren ese preciado tiempo de ocio o incrementar su paga, tienen que redactar ensayos de persuasión en toda regla.
Estamos hablando de textos bien estructurados, con una introducción potente que atrape al lector (es decir, a papá Redick), argumentos sólidos que defiendan su postura, anticipación de contraargumentos (¿por qué es buena idea este gasto/tiempo extra?), y, crucialmente, una conclusión que selle el trato. Es decir, si quieres esa golosina digital o ese billete, tienes que defender tu tesis como si estuvieras en un debate universitario.
Redick, que siempre ha sido un tipo listo, explicó que este sistema va mucho más allá de un simple castigo o una manera de ahorrar dinero en la paga. Es una lección de vida fundamental: aprender a argumentar y a comunicar de manera efectiva. En el mundo real, si quieres algo, tienes que saber pedirlo y justificar por qué lo mereces. Si el ensayo es flojo, la respuesta es simple y brutal: ‘Suspensos, vuelve a intentarlo’. Parece que a los hijos de esta estrella del baloncesto no les queda otra que dominar el arte de la retórica si quieren subir de nivel en el ocio. Es un método educativo de élite que convierte la casa de Redick en una especie de Academia Platónica con olor a parqué.




