El matrimonio anulado por un bot chapucero que fastidió los votos

El matrimonio anulado por un bot chapucero que fastidió los votos
Un tribunal en Gujarat, India, anuló un matrimonio después de que la pareja utilizara un discurso generado por IA para la ceremonia. La tecnología se equivocó con los mantras y la pronunciación, invalidando los rituales fundamentales del hinduismo, como el saptapadi, y dejando el enlace sin validez legal.
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Seamos sinceros: la inteligencia artificial promete facilitarnos la vida en casi todo, desde escribir correos infumables hasta componer himnos para nuestro gato. Pero si hay un sitio donde la IA ha metido la pata hasta el fondo, ha sido en el altar. En un giro de guion que solo la era digital podría ofrecer, una pareja en Gujarat, India, ha visto cómo su matrimonio era declarado nulo por culpa de un bot con poca idea de teología hindú.

Resulta que estos novios, buscando quizás un toque de modernidad o simplemente ahorrarse un dineral en un sacerdote de carne y hueso, decidieron que una IA generase la parte más importante de la ceremonia: los mantras sagrados. La idea era estupenda en teoría, un fast-track para el ‘sí, quiero’ eterno. El problema es que el código binario y los rituales milenarios no se llevan muy bien.

Cuando la IA se puso a recitar (o a lo que fuera que hiciese) el texto, el resultado fue, digamos, un desastre litúrgico. Los mantras eran incorrectos y la pronunciación, según parece, era tan mala que resultaba ofensiva para el Panteón Hindú. Este no es un pequeño desliz; en el hinduismo, la ceremonia no es válida si no se realizan correctamente ritos esenciales como el ‘saptapadi’ (los famosos siete pasos o votos) y el ‘kanyadaan’ (la entrega de la novia).

Tras el enlace fallido, la pareja acudió a los tribunales solicitando la anulación de la boda. El tribunal, al revisar el caso, no se anduvo con chiquitas. Declararon el matrimonio totalmente inválido desde el principio. ¿Por qué? Porque la ceremonia esencial nunca se llevó a cabo de forma correcta. En esencia, no se casaron. El juez sentenció que, como la IA no pudo replicar ni la santidad ni la precisión de los textos, la pareja quedó en un limbo legal y romántico. Es una lección cara sobre dejarle a Siri la organización de asuntos trascendentales: a veces, el ser humano, aunque solo sea para no liar un ‘rollo patatero’, sigue siendo irremplazable.