
¡Hay maridos detallistas, y luego está este señor de Nueva Jersey que llevó el concepto del «frío polar» a un nivel completamente nuevo! La historia es tan rocambolesca que parece sacada de una película de serie B de ciencia ficción con un toque de picaresca española.
Hablamos del doctor Lawrence M. Klatzkin, quien, tras el fallecimiento de su esposa, Linda Klatzkin, decidió que la muerte era solo un contratiempo temporal y que él iba a ser el pionero de la inmortalidad a bajo coste. Su plan: la criogenización casera, un verdadero DIY (Do It Yourself) de la resurrección. Para ello, optó por la solución que menos se ajustaba a los estándares científicos de Alcor o la Fundación Cryonics: un bidón metálico y una montaña de hielo seco. Sí, hielo seco. Un proceso que parece más apropiado para un experimento escolar que para preservar la vida humana indefinidamente.
El resultado fue que el cuerpo de Linda pasó años almacenado en este contenedor improvisado, que a su vez se encontraba guardado en un pequeño cobertizo o unidad de almacenamiento. Imaginad la escena: un hombre en el proceso de «criopreservación de bajo presupuesto» utilizando el mismo material que se usa para hacer efectos de humo en Halloween.
Pero la cosa se pone aún mejor (o peor, según se mire). Mientras su mujer esperaba pacientemente en su «congelador vintage», el doctor Klatzkin se aseguraba de que la economía familiar no sufriera un revés. ¿Cómo? Pues siguió recogiendo religiosamente los beneficios sociales y cheques de discapacidad que le correspondían a la difunta. Un pequeño detalle que, convenientemente, «olvidó» mencionar a las autoridades, asumiendo que un cuerpo criogenizado con hielo seco sigue siendo un receptor válido de ayudas.
Finalmente, el pastelazo fue descubierto. Las autoridades, al investigar las irregularidades en los pagos de la seguridad social, dieron con el peculiar almacén. No solo encontraron el cuerpo de Linda, sino también el rudimentario método de conservación. Ahora, el doctor Klatzkin se enfrenta a cargos de fraude en tercer grado. Al parecer, la justicia es mucho menos comprensiva con el fraude económico que con los intentos amateur de desafiar a la muerte. Moraleja: si vas a congelar a tu pareja para un futuro incierto, por lo menos informa al INSS.
