El mar devuelve a Blackpool una plaga de patatas fritas y cebollas

El mar devuelve a Blackpool una plaga de patatas fritas y cebollas
La playa de Cleveleys, cerca de Blackpool, Reino Unido, ha amanecido cubierta por una insólita capa de patatas fritas y cebollas. Este peculiar fenómeno es resultado de las recientes tormentas, que han excavado un antiguo vertedero costero en desintegración, liberando restos de comida procesada al mar.
0
0

¡Madre mía, qué panorama! Imagina darte un paseo por la orilla y en lugar de encontrar conchas o restos de algas, te topas con una ración gigante, casi infinita, de patatas fritas (chips) y cebollas. Pues eso es exactamente lo que ha ocurrido en Cleveleys, una playita que está pegada a Blackpool, en el Reino Unido. Los habitantes de la zona deben estar alucinando, ya que la playa ha quedado convertida en el buffet libre más surrealista y menos apetecible del mundo.

Este despliegue culinario no es, por desgracia, una broma de mal gusto del ayuntamiento ni una promoción de una cadena de comida rápida. Detrás de esta inusual y grasienta capa vegetal hay una explicación bastante menos glamurosa: las recientes y poderosas tormentas que han azotado la costa. Resulta que las mareas bravas y el oleaje han ido erosionando un antiguo vertedero que está justo en la costa, minando la resistencia de la tierra.

Y claro, si excavas un vertedero de décadas de antigüedad, ¿qué sale? Basura vieja y, en este caso particular, ¡muchísimos restos de comida procesada! La escena parece sacada de un mal sueño de cocinero de comida rápida. Hablamos de patatas fritas y cebollas, probablemente restos desechados hace años por alguna planta de procesamiento de alimentos que acabó en el vertedero.

Los expertos costeros han confirmado que el origen es claramente este vertedero costero en desintegración, que ha liberado sus ‘tesoros’ al mar para que la marea los devuelva directamente a la arena. Aunque la zona ya está acostumbrada a que el mar devuelva objetos extraños (es la maldición de tener un vertedero cerca), la cantidad de este ‘manjar’ ha sido espectacular y ha teñido la arena de un color, digamos, poco playero. En resumen, mientras en otras playas la gente se preocupa por la arena fina o la temperatura del agua, en Blackpool están lidiando con la limpieza de un desastre ambiental con un toque muy British y un fuerte olor a fritanga.