
¿Quién necesita vino cuando tienes unas cuantas crabapples (manzanas silvestres) bien fermentadas? Esa debió ser la filosofía de vida de nuestro peludo protagonista en Manassas, Virginia. Y es que no todos los lunes son grises, y en Manassas, uno fue… ¡muy peludo y etílico! Un mapache, con el puntillo de más, decidió que era la tarde perfecta para armar una buena en el patio de un restaurante local, dejando a los comensales y al personal con la boca abierta y unas cuantas carcajadas.
La cosa empezó cuando el mapache en cuestión, visiblemente afectado por el alcohol natural de las manzanas caídas de algún árbol, se presentó en el establecimiento. Lejos de ser un comensal discreto, nuestro amigo cuadrúpedo se dedicó a fastidiar a todo bicho viviente que se cruzara en su camino. Sí, sí, como lo lees: acosó a los clientes, con la vista nublada por el alcohol y el descaro de quien ya no tiene nada que perder. La guinda del pastel llegó cuando, en un alarde de valentía etílica, intentó mangar un bolso. ¡Un verdadero ladrón de guante blanco, o más bien, de pata sucia, que no dudó en intentar llevarse un ‘souvenir’ de su noche de fiesta!
Los testigos no daban crédito. Lo vieron tambalearse, dar vueltas como una peonza y, claro, caerse de vez en cuando, mostrando su nula habilidad para mantener la verticalidad. La escena, digna de una comedia de enredos, culminó con la llegada del control animal, que tuvo que intervenir para poner fin a la juerga del animal. Al principio, el comportamiento errático del mapache desconcertó a las autoridades, pero la explicación no tardó en llegar: el pobre animal, o más bien el fiestero, estaba completamente achispado por haber ingerido crabapples fermentadas. Vamos, que tenía una resaca de las que hacen historia.
La buena noticia es que, a pesar del alboroto y los intentos de robo, nadie resultó herido. El mapache fue capturado y, según el control animal, sería liberado una vez que se le pasara el pedal y recuperara la sobriedad. Desde el restaurante, aunque con la sorpresa inicial, se lo tomaron con humor. Al fin y al cabo, no todos los días tienes un mapache borracho de festival montando la marimorena en tu terraza. Un brindis (sin alcohol para los mapaches, por favor) por este icono inesperado de Manassas, que nos recuerda que la vida salvaje también sabe cómo pasárselo bien, ¡quizás demasiado bien!
