El mago que perdió la contraseña de su mano: ¡Ni Houdini lo vio venir!

El mago que perdió la contraseña de su mano: ¡Ni Houdini lo vio venir!
Jeremy Peel, un mago y 'biohacker' de Newcastle, ha descubierto el lado oscuro de la tecnología implantable. Tras integrar un chip RFID en su mano para gestionar contraseñas y accesos, una mala jugada digital corrompió el chip. Ahora, Jeremy no puede acceder a su monedero digital, un auténtico 'hack' a sí mismo.
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Imagina ser un mago, de esos que hacen desaparecer cosas, pero que un día lo que se esfuma es… ¡el acceso a tu propia mano! Pues eso es exactamente lo que le ha pasado a Jeremy Peel, un consultor de IT de Newcastle con una afición un tanto peculiar: el ‘biohacking’ y la magia. No, no es el argumento de una peli de serie B, es la vida real (y digital) de este hombre.

Jeremy no es un tipo cualquiera. Este ‘biohacker’ es de los que llevan la tecnología literalmente bajo la piel. Con un chip RFID (identificación por radiofrecuencia) implantado entre el pulgar y el índice de su mano izquierda, se había convertido en su propia llave maestra. Con un simple gesto, desbloqueaba su teléfono, abría la puerta de casa y accedía a su ordenador. Lo tenía todo controlado, o eso creía.

La jugada maestra, sin embargo, se le torció. Después de resetear su teléfono Android, la comunicación con el chip se fue al garete. El microchip, que guardaba con celo la contraseña de su monedero digital, ¡se corrompió! Imagina la escena: intentas acceder a tus fondos con tu mano, y esta te responde con un rotundo ‘Error 404: Contraseña no encontrada’. Un chasco de manual.

Peel, que ya tenía experiencia con otros implantes (uno para trucos de magia y otro un imán potente para ‘bromas’), intentó recuperar el control. Tenía una contraseña maestra en su ordenador, pero ni con esas. El chip, un NTAG203 de la marca Dangerous Things que le costó unos 100 dólares, se había vuelto un trozo de silicio inútil para su propósito principal. Un ‘disco duro’ en su mano que se estropeó, como él mismo describió, dejando un vacío digital en su palma.

La moraleja de esta historia digna de ‘Black Mirror’ es clara: hasta el ‘biohacking’ tiene sus riesgos. Ahora, a Jeremy no le queda otra que buscar una solución, ya sea reconfigurar el chip o, más probablemente, implantarse uno nuevo, quizás uno NFC para ir a la última. Mientras tanto, su monedero digital seguirá siendo un misterio… o al menos, una caja fuerte con una llave olvidada dentro de su propia mano. ¡El truco se volvió contra el mago!