
Prepárate para una de esas historias que te hacen dudar si estás leyendo el periódico o una comedia absurda. En la Universidad de Arizona, un estudiante de primer año llamado Connor ha vivido en sus propias carnes que la historia romana, además de compleja, puede ser muy, muy implacable con los despistados. Su aventura académica ha terminado en un ‘game over’ de lo más singular: expulsado de clase por estudiar al emperador equivocado.
El marrón de Connor comenzó con una tarea para su asignatura «Introducción a la Antigua Roma». El objetivo era cristalino: escribir sobre Augusto, el primer emperador romano, y basarse específicamente en «Las gestas del Divino Augusto». Fácil, ¿verdad? Pues nuestro protagonista, con ese optimismo juvenil que a veces juega malas pasadas, «ojeó por encima» las instrucciones. Y ahí fue donde la cosa se torció, y se torció durante casi 500 años.
En lugar de centrarse en Augusto (el que fundó el Principado y el primero de los césares), Connor se lió con Romulus Augustulus, el último emperador del Imperio Romano de Occidente. Sí, ambos tienen «Augustus» en el nombre, pero la diferencia entre uno y otro es como la noche y el día, o más bien, como el siglo I a.C. y el V d.C. Una minucia, vaya.
Connor, que asegura haber dedicado unas seis horas a su investigación sobre el (equivocado) Romulus Augustulus, se sentía «victimized» cuando su profesora, la Dra. Alison Futrell, le plantó un cero redondo. La explicación de la profe fue tajante: la tarea era «un análisis muy específico de una fuente primaria relacionada con una persona». Es decir, no era un trabajo genérico sobre «Roma», sino sobre un señor muy concreto. «Es como escribir sobre la historia de España cuando la tarea era sobre la historia de Alemania», sentenció la docente, con una lógica aplastante que a Connor le debió sonar a latín incomprensible.
Pero la historia no acaba con el cero. La universidad, en un alarde de rigidez académica, no solo le dejó el suspenso, sino que directamente le eliminó del registro de la clase, otorgándole una «W» (Withdrawal, o retirada) en su expediente. Eso significa que no le afecta al expediente pero sí que perdió la matrícula, el tiempo y el esfuerzo. Los padres de Connor, preocupados por el fiasco, intentaron mediar con el decano, pero este dio la razón a la profesora. Parece ser que ni el «esfuerzo» de estudiar al emperador equivocado fue suficiente para ablandar el corazón de la burocracia universitaria.
Con esta experiencia agridulce, Connor ha decidido que su futuro no está en desenterrar secretos romanos. Ha optado por cambiar su especialidad de Clásicas a Filosofía. Quién iba a decir que el destino de la antigua Roma se cerniría sobre la carrera universitaria de un chaval por un nombre casi idéntico. Un recordatorio para todos: leed bien los enunciados, que un despiste temporal de medio milenio puede salir muy caro.
