El Lanzador de Sándwiches de Washington se Libra de los Cargos

El Lanzador de Sándwiches de Washington se Libra de los Cargos
En Seattle, un hombre fue arrestado por lanzar un sándwich a medio comer contra la comitiva del presidente chino. A pesar de enfrentarse a un cargo federal por agresión a un agente, la fiscalía decidió retirar los cargos "en interés de la justicia". El manifestante comestible ya está libre.
0
0

En el gran teatro de la protesta política, hemos visto de todo: pancartas ingeniosas, manifestaciones masivas y actos de desobediencia civil que han cambiado la historia. Y luego está Troy H. Hielscher, un hombre de Washington que decidió aportar su granito de arena, o más bien, su miga de pan.

La escena transcurre en el centro de Seattle. Una imponente comitiva de vehículos negros atraviesa la ciudad, transportando nada menos que al presidente chino, Xi Jinping. La seguridad es máxima, el ambiente es tenso. De repente, desde la acera, un objeto no identificado surca el aire. ¿Es un pájaro? ¿Un avión? No, es un sándwich a medio comer.

El proyectil alimenticio, lanzado con una mezcla de indignación y, presumiblemente, hambre a medias, impactó contra el lateral de un Chevrolet Suburban oscuro, el último vehículo de la escolta. Dentro del coche viajaba un agente del Servicio Secreto de Estados Unidos que, para ser justos, probablemente no esperaba que su jornada laboral incluyera un ataque con embutido.

Nuestro protagonista, Troy H. Hielscher, fue rápidamente identificado como el autor intelectual y material del lanzamiento. Su acto de «desobediencia civil pringosa» le valió un arresto inmediato bajo sospecha de agresión. La cosa se puso seria cuando fue ingresado en el Centro de Detención Federal y se enfrentó a un cargo federal por agredir a un agente federal. Todo por un sándwich.

Sin embargo, cuando el caso llegó a la mesa de la Fiscalía de Estados Unidos, alguien debió de sopesar la gravedad del asunto. El fiscal adjunto, Todd Greenberg, presentó una moción para desestimar el caso «en interés de la justicia». Quizás concluyeron que el papeleo era más indigesto que el propio sándwich. Un juez federal estuvo de acuerdo, la moción fue aprobada y Hielscher fue puesto en libertad, convirtiéndose en una leyenda local.

Al final, no hubo heridos, la comitiva no se detuvo y la diplomacia internacional no se vio afectada por un almuerzo interrumpido. Troy H. Hielscher demostró que, a veces, la protesta más surrealista puede acabar con una anécdota divertida en lugar de una condena.