
Florida, ya se sabe, es el epicentro de lo absurdo y lo reptiliano. Pero incluso allí, la escena con la que se topó Stephanie Wampler en Stuart superó las expectativas de lo que se considera un buen susto matutino. Resulta que Stephanie tiene un rincón paradisíaco, una barra tiki improvisada en su patio trasero, ideal para tomarse una cerveza fresquita tras un largo día. El único problema es que alguien se le adelantó en la apertura del local. Alguien grande, escamoso, y con una sonrisa que ya viene de serie en su cara.
Hablamos de un caimán de aproximadamente 1,2 metros de longitud que se había instalado con todas las comodidades en el chiringuito. Stephanie lo bautizó inmediatamente como Marty, porque cuando un animal salvaje decide que tu decoración es lo suficientemente cómoda como para echarse la siesta, se merece un nombre propio. Y no es que Marty estuviera de paso; se le veía perfectamente acurrucado, camuflado entre las botellas de cerveza, las decoraciones playeras y los utensilios de bar, probablemente esperando impaciente la hora feliz.
La dueña del local, en lugar de intentar servirle un mojito, llamó rápidamente a los profesionales: la Florida Fish and Wildlife Conservation Commission (FWC). Los agentes llegaron al rescate, armados con las herramientas apropiadas para gestionar a un cliente que se niega a pagar la cuenta (o a irse, en este caso).
La FWC confirmó que tuvieron que capturar y retirar al espontáneo Marty de la propiedad. Afortunadamente para el resto del mundo que no vive al lado de un pantano, Stephanie grabó toda la operación, mostrando al caimán en su hábitat improvisado. Es la prueba definitiva de que en Florida nunca sabes quién va a ser tu próximo compañero de bebida. Y un recordatorio crucial: si tienes un bar tiki en Florida, asegúrate de que tiene puerta y de que no está al lado de una zona húmeda.
