
¿Alguna vez te has hartado de esperar el autobús y has pensado ‘ya lo conduzco yo’? Pues Jeffrey Mialkowsky, de 28 años y residente en Hamilton, Canadá, llevó esta idea a un nivel completamente nuevo. Y no, no estamos hablando de una escena de película de acción ni de una fantasía; esto pasó de verdad, allá por febrero de 2014, dejando a más de uno con la boca abierta en los tribunales.
La noche de autos, Jeffrey decidió que los buses de Hamilton Street Railway (HSR) no se iban a conducir solos. Así que, ni corto ni perezoso, se coló en el depósito de Wentworth Street North y se hizo con uno de ellos. ¿Con qué fin? Pues, según todos los indicios, simplemente le apetecía un ‘paseo’ nocturno. Y menudo paseo. Durante unos 40 minutos, Mialkowsky se dedicó a circular por las calles de Hamilton, como si fuera el chófer más oficial y dedicado del mundo. La cosa es que no se limitó a dar vueltas sin rumbo fijo: ¡la historia cuenta que incluso paró para recoger a algunos pasajeros desprevenidos! Imaginad la cara de la gente al subirse al autobús y encontrarse con que el conductor no era el habitual y que, bueno, el servicio era un tanto… irregular.
La fiesta sobre ruedas terminó cuando la policía local, alertada por este insólito ‘servicio’ de transporte público, le dio el alto. Jeffrey fue detenido y, como era de esperar, se le imputaron cargos bastante serios: robo de vehículo valorado en más de 5.000 dólares y conducción peligrosa. Hasta aquí, la historia de un ‘ladrón’ más que se ha saltado unas cuantas normas. Pero aquí viene lo mejor, la guinda del pastel que hace que esta noticia sea para enmarcarla en el salón de lo absurdo.
Durante la vista judicial, el fiscal de la Corona, Andrew Duncan, no pudo evitar hacer un comentario que dejó a la sala con la boca abierta. Refiriéndose a la pericia de Mialkowsky al volante del autobús robado, declaró que «hizo un gran trabajo conduciendo». ¡Sí, habéis oído bien! El mismo tipo que robó un autobús, lo condujo tan bien que el fiscal tuvo que admitirlo públicamente. A pesar de la flagrante ilegalidad de sus actos, parece que nuestro protagonista tenía una mano prodigiosa para el transporte público. La prueba es que, afortunadamente, no hubo daños materiales en el vehículo ni heridos entre los ‘pasajeros’ ocasionales o los transeúntes. Una anécdota que nos recuerda que la vida real, a veces, supera con creces a la ficción. Jeffrey fue puesto en libertad bajo fianza, eso sí, con la condición expresa de no volver a acercarse a ningún vehículo de HSR, ¡por si acaso le entraba otra vez la vena de chófer clandestino y demasiado bueno para ser legal!
