Si alguna vez has pensado que trabajar rodeado de bolsos de miles de euros y relojes de diseño es sinónimo de una vida tranquila y llena de glamour, prepárate para un buen baño de realidad. Varios exempleados del sector del comercio de lujo han decidido tirar de la manta y compartir sus anécdotas más disparatadas tratando con clientes que, literalmente, nadan en billetes.

La diferencia entre tener dinero y tener clase
Una constante en las confesiones es la enorme brecha que existe entre los verdaderos ricos y los que simplemente fingen serlo. Un trabajador de una boutique a las afueras de San Francisco lo dejaba claro:
«Los clientes ‘ricos’ eran las personas más maleducadas e insufribles que he conocido. Me han llegado a tirar cajas de zapatos y han derramado copas enteras de vino sobre bolsos de diseñador sin siquiera pedir perdón. En cambio, los verdaderamente adinerados eran los más humildes y agradecidos.»
Las confesiones más extravagantes detrás del mostrador
El día a día de estos dependientes da para escribir un guion de Hollywood. Aquí tienes algunas de las revelaciones más jugosas que demuestran que el dinero no compra el sentido común:
- Robos con total impunidad: Una exempleada de Michael Kors relató cómo un grupo de ladrones vació la tienda llevándose miles de dólares en bolsos bajo amenazas. ¿La reacción de su jefa? «Ni siquiera preguntó si estábamos bien mental o físicamente, solo le importaba la mercancía». La chica dimitió a las tres semanas.
- El ego no entra en una talla grande: En unos grandes almacenes de Beverly Hills, el tamaño importaba, pero solo en la etiqueta. Las clientas más exclusivas se negaban a comprar nada que no fuera la talla que ellas creían tener. La solución era digna de trileros: el personal era obligado a descoser la etiqueta de una talla 8 y coser una falsa de la talla 2 para no herir sus sentimientos.
- Amantes a pares: Un clásico de las joyerías. Un dependiente contó que tenía un cliente que compraba exactamente el mismo artículo por triplicado: uno para su mujer y los otros dos para sus amantes. «Decía que así no se confundía ni levantaba sospechas al regalar», comenta el exempleado, añadiendo que muchos de estos pagos en efectivo venían con «residuos sospechosos» en los billetes.

Las artimañas ocultas de la industria
Pero los clientes no son los únicos que tienen esqueletos en el armario; las propias marcas esconden secretos celosamente guardados. Una de las mayores ilusiones del sector es la procedencia de sus productos.
Muchos artículos de supuesta alta gama se fabrican en Asia, aprovechando vacíos legales para terminar el ensamblaje en Europa y así poder estampar el codiciado «Made in Italy» o «Made in France», evitando que se asocie la prenda a fábricas de producción masiva.
Además, los márgenes de beneficio son tan escandalosos que, según relata un extrabajador desde Toronto, las marcas podrían vender con un 80% de descuento y seguir ganando dinero. ¿El problema? No quieren que «el tipo equivocado de gente» lleve sus prendas, por lo que el excedente, a menudo, acaba siendo destruido sin piedad.
Cuando la educación sí tiene premio
Para no perder del todo la fe en la humanidad, un dependiente del Reino Unido recordó un episodio navideño imborrable. Tras aguantar a una prepotente familia que exigía que todos se doblegaran a sus órdenes por gastar cuatro duros, llegó otra madre con sus hijos.
Uno de los pequeños rompió accidentalmente un jarrón carísimo. La madre, en lugar de montar un escándalo, calmó al niño y se ofreció a pagarlo al instante. Al decirle los dependientes que no era necesario porque había sido un simple accidente, la mujer compró una botella del mejor champán de la tienda (valorada en unos 600 euros) para cada miembro del personal deseándoles unas felices fiestas. Definitivamente, la clase no se compra.

Y para rematar: anécdotas exprés de traca
La fauna que habita las tiendas de lujo parece inagotable. Si aún quieres más, echa un vistazo a estas últimas joyas:
- Dependientes vengativos: En ocasiones, si un cliente les cae mal o intuyen que va a devolver los zapatos, los empleados van al almacén, no buscan nada y vuelven diciendo que no hay de su talla.
- Deudoras de la alta sociedad: Mujeres ricas que compran ropa carísima para un evento benéfico y la devuelven al día siguiente porque no pueden ser vistas repitiendo modelito. ¿Lo peor? A veces las devuelven manchadas y oliendo fatal.
- Estrellas de Hollywood regateando: Un empleado de una galería de arte en Texas atendió a mismísimo actor Christian Slater, quien se interesó por un cuadro donde aparecía él mismo en la película Heathers. Su única condición para comprarlo fue que le hicieran un descuento.
Queda claro que trabajar en el codiciado sector del lujo requiere mucha paciencia, una sonrisa a prueba de bombas y, sobre todo, una gran tolerancia a los excentricidades del ser humano.




