
Imagina la escena. Vas de camino al trabajo, con tu café en la mano, escuchando la radio, metido en el típico atasco mañanero en la Gold Coast de Australia. De repente, el tráfico se para en seco. ¿Un accidente? ¿Obras? Pues no, la causa es mucho más adorable y peluda.
En mitad de la Gold Coast Highway, como si fuera el dueño del asfalto, había un koala. Sí, un koala. Sentado tranquilamente en uno de los carriles, ajeno al caos que estaba provocando, probablemente reflexionando sobre la calidad del eucalipto de la zona o si debería haberse quedado durmiendo un poco más. Los coches se acumulaban, y la paciencia de los conductores empezaba a agotarse.
La mayoría se limitaba a tocar el claxon o a sacar el móvil para inmortalizar el momento. Pero Mike Holt, que también iba tarde a trabajar, decidió que no podía dejar al pequeño marsupial a su suerte. ‘Estaba allí tan tranquilo, ‘chilling’ en medio de la carretera’, comentó Holt a los medios. No podía simplemente pasar de largo.
Armado de valor y sentido común, Mike aparcó su coche y se bajó para gestionar la situación. Con la cautela que requiere tratar con un animal salvaje (que los koalas parecen muy monos pero tienen su genio y unas garras importantes), cogió una rama de un árbol cercano. No quería acercarse demasiado, por si al koala le daba por demostrarle su descontento. Su plan era simple: usar la rama para animar suavemente al animalito a moverse hacia un lugar más seguro, fuera de la calzada.
Tras unos momentos de ‘negociación’ entre humano y marsupial, con la rama como única intermediaria, el koala pareció entender el mensaje. Se levantó con la parsimonia que le caracteriza, cruzó la carretera con calma y se encaramó al árbol más cercano, poniendo fin al atasco más adorable de la historia de Queensland. Mike llegó tarde al trabajo, sí, pero con una anécdota para contar que vale su peso en oro y el vídeo para demostrarlo.
