
Imagina que te llamas James David Vance y un buen día te levantas y, ¡zas!, ves que tu tocayo, también llamado James David Vance, pero este de Michigan, ha sido arrestado. ¿El motivo? Nada menos que amenazar a líderes republicanos por redes sociales. Sí, la vida a veces nos regala coincidencias dignas de guion de película, o de un capítulo de ‘Black Mirror’ con toques de ‘El show de Truman’.
La historia, que parece sacada de la sección ‘Not The Onion’ (y de hecho, ¡viene de ahí!), nos presenta a James David Vance, de 39 años y residente en Muskegon, Michigan. Este señor, que comparte nombre completo e iniciales con el conocido senador republicano de Ohio, J.D. Vance, decidió el pasado 11 de octubre ventilar sus opiniones en Facebook de una forma, digamos, poco convencional. En sus publicaciones, y siempre según los documentos judiciales, nuestro protagonista de Michigan amenazó con «disparar a todos los líderes republicanos» y a cualquiera que, según él, estuviera implicado en redes de tráfico infantil.
La cosa se puso aún más surrealista cuando entre sus objetivos, ¡oh, ironía!, nombró específicamente al senador J.D. Vance de Ohio (su tocayo), al gobernador Mike DeWine y al fiscal general de Ohio, Dave Yost. Parece que la confusión de nombres no solo es cosa nuestra, sino que hasta el propio amenazador la usó (quizá sin darse cuenta de la poética de la situación). El «tren», como él lo describió, no se detendría por nada, según sus publicaciones.
Evidentemente, las autoridades no se tomaron estas amenazas a la ligera. Agentes del FBI y la Policía Estatal de Michigan se presentaron en su casa el 16 de octubre y lo detuvieron. Ahora, este James David Vance enfrenta cargos por realizar amenazas de violencia y ha comparecido ante un tribunal federal en Grand Rapids, donde está detenido a la espera de una audiencia de fianza.
La moraleja es clara: cuidado con lo que publicas en internet, especialmente si tu nombre es tan peculiar que te puedes confundir con una figura pública… o si simplemente tienes la mala suerte de llamarte exactamente igual que una persona a la que decides amenazar públicamente. Una historia de esas que te hacen pensar: ¿cuáles son las probabilidades?
