El insólito caso del juez que creyó que los radares medían la velocidad del sonido

El insólito caso del juez que creyó que los radares medían la velocidad del sonido
En Ohio, un conductor multado por exceso de velocidad ganó su caso inicialmente. Un juez dictaminó que los radares de policía miden la velocidad del sonido, no la del coche. Aunque una corte superior desestimó esta peculiar teoría un año después, el hombre se libró de la multa en lo que fue un sorprendente giro legal digno de película.
0
0

Imagínate la escena: vas tranquilamente conduciendo (o no tan tranquilamente, según la policía), te para un agente por exceso de velocidad y, meses después, te encuentras en un juzgado. Lo normal sería un trago amargo, ¿verdad? Pues para Nicholas Pastva, un conductor de Ohio, el 2008 trajo una de esas sorpresas que te dejan con la boca abierta y una sonrisa de oreja a oreja. Y todo, gracias a una interpretación bastante… peculiar de la física por parte del juez.

Resulta que Nicholas fue pillado por un agente de tráfico a 68 millas por hora en una zona de 55. Multa al canto, citación judicial y a esperar. Su abogado, con la esperanza de encontrar un resquicio, se topó con una joya: el juez del Tribunal Municipal de Warren, W. Wyatt McKay, tenía una idea un tanto, digamos, revolucionaria sobre cómo funcionan los radares de velocidad. Según su Señoría, esos aparatos no miden la velocidad real del vehículo, sino… ¡la velocidad del sonido!

Sí, has leído bien. El juez McKay estaba convencido de que la Policía Estatal de Ohio no había demostrado que el radar midiera la velocidad de su coche, sino solo la del sonido. Con esa lógica aplastante (o aplastadoramente ilógica, según se mire), el juez dictaminó a favor de Pastva. ¡Multa anulada! Nicholas se libró de la sanción, al menos por el momento, y seguramente su historia se convirtió en la comidilla de todos los bares de Warren.

Pero claro, la alegría en casa de Pastva no fue del todo eterna. La Fiscalía, probablemente aún frotándose los ojos y pellizcándose para ver si aquello era real, no se quedó de brazos cruzados. Apelaron la decisión, llevando el caso a la 11ª Corte de Apelaciones del Distrito. Y como era de esperar, en 2009, la cordura regresó a los tribunales. El tribunal superior, con una dosis de realidad, dictaminó que «el radar no mide la velocidad del sonido». ¡Vaya sorpresa! La decisión del juez McKay fue anulada y el caso se mandó de vuelta al tribunal municipal para una nueva evaluación, esta vez con una comprensión más estándar de las leyes de la física.

Aunque el viaje de Nicholas Pastva por el sistema judicial no terminó con su victoria inicial, no se puede negar que el episodio del juez McKay es una de esas anécdotas legales que demuestran que la vida real, a veces, supera con creces a la ficción. ¡Quién hubiera dicho que una multa por exceso de velocidad podría acabar en una clase improvisada (y errónea) de física en un juzgado!