El influencer que regaló móviles a indigentes y luego los recuperó para el postureo definitivo

El influencer que regaló móviles a indigentes y luego los recuperó para el postureo definitivo
Un conocido creador de contenido provocó la indignación general tras grabar un vídeo en el que supuestamente regalaba iPhones nuevos a personas sin hogar. La 'generosidad' duró poco: el influencer recuperó los teléfonos justo después de conseguir su plano viral para las redes sociales.
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Parece que la búsqueda desesperada por la viralidad ha alcanzado un nuevo mínimo ético. En esta ocasión, la corona del contenido más deplorable se la lleva un conocido ‘influencer’ —cuyo nombre vamos a obviar para no darle más bombo— que decidió que la beneficencia era un excelente nicho para generar clics… con trampa. Este genio del marketing de contenidos organizó un elaborado montaje para su última obra maestra de TikTok e Instagram. La premisa era sencilla y aparentemente conmovedora: repartir iPhones recién salidos de la caja a personas sin hogar. ¿Qué podría salir mal? Casi todo, si eres un narcisista con un móvil en la mano.

La escena, perfectamente iluminada y grabada con la intención de romper todos los contadores de la bondad superficial, mostraba al ‘héroe’ acercándose a individuos en la calle y entregándoles los costosos dispositivos. Las reacciones de sorpresa y gratitud eran, por supuesto, la joya de la corona emocional que buscaba el vídeo. El objetivo era claro: parecer la persona más generosa del planeta, alguien que entiende de verdad el significado de ‘dar sin esperar nada a cambio’, excepto millones de ‘likes’, claro está.

El problema, claro está, es que la realidad no es un carrete de Instagram. Fuentes que presenciaron el rodaje —y la posterior indignación que se coció en la red— confirman el giro de guion más descorazonador: tan pronto como la cámara dejó de rodar y la luz de ‘grabando’ se apagó, el influencer se acercó a los receptores de los móviles para solicitar amablemente… que se los devolvieran. Sí, como lo oyen. Los iPhones eran, literalmente, solo utilería para el fondo del vídeo.

Era todo parte de una ‘performance’ diseñada para explotar las emociones y el deseo de un buen titular. La justificación, si es que existió más allá de un ‘lo siento, era para un vídeo’, se pierde en el mar de la vergüenza, pero el mensaje es alto y claro: en la era de las redes sociales, un acto de bondad solo vale si es monetizable. Este episodio ha generado una ola de críticas masivas, tachando la acción de ‘explotación’ y ‘crueldad escenificada’. Es la demostración de que, a veces, la desconexión con la realidad de algunos creadores de contenido es tan grande que su moral cabe dentro del espacio de almacenamiento de un iPhone que ni siquiera piensan regalar.