
Imagina la escena: eres un tipo que ha participado en un asalto al Capitolio, te detienen, te enfrentas a cargos federales… y de repente, ¡zas!, el mismísimo expresidente te indulta. Christopher Griffin, un ‘veterano por Trump’ y protagonista de la revuelta del 6 de enero, pensó que la vida le sonreía de nuevo. Pero parece que la suerte, como el buen vino, no siempre mejora con el tiempo, y a veces viene acompañada de un manual de cómo no hacer las cosas.
La cosa es que, si creía que sus problemas legales habían terminado, estaba muy equivocado. La historia de Griffin ha tomado un giro tan rocambolesco que ni el guionista más imaginativo de una serie de Netflix podría haberlo tramado. Resulta que su hijo, Isaac Griffin, se enfrenta a cargos serios por un presunto abuso sexual infantil. Y nuestro amigo Christopher, en un alarde de… ¿inocencia? ¿desesperación? ¿ignorancia supina de las leyes?, decidió que la mejor manera de resolver la papeleta era la vía rápida: los billetes.
Según la información que ha salido a la luz, Griffin contactó, a través de un abogado, con la familia de la víctima para ofrecerles la módica suma de 5.000 dólares. ¿El objetivo? Que retiraran la denuncia. El abogado que inicialmente le siguió el juego, William Cowgill (quien, por cierto, tardó cero coma en desvincularse del caso al ver el percal), lo calificó como una oferta por «daño mental y físico». Vamos, que quería disfrazar un intento de soborno de una especie de ‘indemnización por las molestias’. ¡Como si 5.000 dólares borraran un trauma!
Evidentemente, el plan maestro de Griffin salió más rana que la charca del vecino. La familia de la víctima, ni corta ni perezosa, se fue directa a los fiscales y les contó la jugada. ¿El resultado? Los fiscales, ni cortos ni perezosos tampoco, pidieron inmediatamente que se le revocara la fianza a Christopher en relación con sus nuevos cargos del 6 de enero (sí, porque aunque Trump le indultó de unos, luego le cayeron otros, ¡la justicia tiene memoria!).
El juez, sin embargo, decidió mantener la fianza, pero le soltó una advertencia que casi se pudo oír desde el otro lado del charco: “Ni se te ocurra volver a intentar manipular a un testigo”. El abogado actual de Griffin intentó defender lo indefendible, argumentando que no era un soborno, sino una «restitución» o un «gesto de buena voluntad». Sí, claro, y los Reyes Magos son unicornios que escupen purpurina.
En fin, que Christopher Griffin, de ser un personaje indultado en medio de la vorágine política post-Capitolio, ha pasado a ser el protagonista de una tragicomedia judicial. Un ejemplo de manual de cómo la impunidad puede llevar a algunos a pensar que el dinero lo compra todo, incluso la verdad. Y, por lo que parece, la realidad le está dando una bofetada sin mano.
