El ‘incidente’ más pringoso en una oficina de Des Moines

El 'incidente' más pringoso en una oficina de Des Moines
Una empleada de Des Moines fue obligada a dimitir tras admitir haber defecado en la mesa de una compañera. El sorprendente incidente, calificado de "atroz", ocurrió en el Departamento de Obras Públicas. Aunque inicialmente lo negó, confesó que fue un "accidente". Un final de carrera laboral realmente... pegajoso.
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Agárrense, que vienen curvas (y no precisamente en la carretera). En el fascinante mundo de las oficinas, donde uno espera encontrar café, papeleo y, con suerte, algo de productividad, de vez en cuando salta la liebre. Y esta vez, la liebre vino con un ‘regalito’ muy, muy peculiar en el Departamento de Obras Públicas de Des Moines, Iowa.

Nuestra protagonista, o al menos la antagonista de esta historia, es Tina L. Johnson. Una mujer que, según las autoridades, decidió dejar una huella imborrable en el escritorio de su compañera Linda Johnson (y no, no eran familia, por si la confusión os hacía pensar en una vendetta familiar). El 28 de agosto, la pobre Linda se encontró con una sorpresa que nadie quiere ver al llegar a su puesto de trabajo: heces humanas. Sí, habéis leído bien. Un ‘souvenir’ escatológico sobre su mesa. Imaginaos la escena, el olor, la incredulidad… ¡un escenario digno de una comedia negra!

La cosa, como era de esperar, escaló rápidamente. Linda denunció el ‘incidente’ y la investigación se puso en marcha. Al principio, Tina negó con vehemencia ser la autora de tan insólito acto. ¿Quién podría culparla? No es algo que uno admita con facilidad en una conversación de pasillo. Pero la verdad, como el mal olor, siempre encuentra su camino.

Finalmente, Tina L. Johnson tuvo que rendirse a la evidencia y confesó. Su versión de los hechos es aún más surrealista si cabe: según ella, fue un «accidente». Un «accidente» que implica defecar en un escritorio de oficina. Uno se pregunta qué tipo de acrobacias o calamidades deben ocurrir para que tal evento sea considerado un mero «accidente». ¿Resbaló? ¿Perdió el equilibrio? ¿Estaba practicando algún tipo de yoga oficinista extremo? Las preguntas, amigos, son más divertidas que las respuestas que podamos imaginar.

El asunto no solo fue un dolor de cabeza (y de olfato) para Linda, sino también para el ayuntamiento. El abogado municipal de Des Moines, Roger Stetson, no se anduvo con rodeos, calificando el incidente de «bastante atroz». Y no es para menos. Es el tipo de noticia que hace que los departamentos de Recursos Humanos se froten los ojos y se pregunten si deberían añadir una cláusula sobre «comportamiento escatológico inapropiado» en los contratos.

Pero la cosa no acaba ahí. Por si el ‘accidente’ escatológico no fuera suficiente para Tina, también se le acusó de robar una tarjeta de crédito a otra compañera. Parece que nuestra amiga tenía una racha un tanto peculiar en la oficina. Aunque el incidente del «regalito» en el escritorio no resultó en cargos penales (quizás por lo inverosímil de la acusación o la confesión del «accidente»), el robo de la tarjeta sí que le trajo problemas legales.

Al final, Tina L. Johnson fue obligada a dimitir. Y francamente, después de tal actuación estelar, ¿quién querría compartir máquina de café con ella? Es el clásico ejemplo de cómo dejar una marca indeleble en tu lugar de trabajo… aunque no de la forma que los manuales de autoayuda para el éxito laboral suelen recomendar. Una historia que nos recuerda que, a veces, la realidad supera con creces a la ficción más disparatada.